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¡Ay, don Antonio! Una alcahuetería de altísimo costo para todo el paísSandra Rucavado Tovar srucatov@racsa.co.cr ¡Ay, don Antonio, qué casualidad! Fui a dejar un documento al Edificio Sasso que está a 25 metros de su propiedad –el antiguo Cine California– y me quedé atónita. A pesar de nunca haber estado en zona de guerra me sentí como si lo estuviera. Tan es así, que se lo manifesté al guarda. Me solidarizo cien por ciento con usted. Yo tengo una propiedad cercana que mis padres me dejaron como herencia; un patrimonio que es mi deber preservar por mis hijos y en honor a mis padres. Pero ¿quiere que le cuente? Ahí tuve un inquilino que me dejó una deuda millonaria en reparaciones y alquileres no pagados. Un tema a tratar en otra ocasión porque no es posible que laLey de Inquilinato se redactó tal y como está para favorecer a las casas de bien social. ¡Diay, todo lo metieron en un mismo saco! Las propiedades del centro de San José no son de bien social. Son alquiladas por “empresarios” para sus negocios. ¡Muy diferente! Encima de todo, las propiedades en el centro de San José no se alquilan rápidamente, como bien dijo un funcionario municipal en una reunión donde se discutió el cambio que hizo la Municipalidad en el bulevar de Rohrmoser y la carretera a Pavas, declarándolas comerciales residenciales. Y, por supuesto, mientras se logran alquilar nuevamente hay que seguir pagando los servicios, incluyendo los impuestos y el guarda… para que no se la lleven a pedazos. Topadores por la libre. Pero en este caso, igual que con el robo de medidores de agua, cables de fibra óptica, teléfono, etc., alguien está comprando los materiales. ¿Cómo es posible que no se tomen medidas para terminar con los “empresarios” de artículos robados? Esta alcahuetería tiene un costo altísimo para el país, para los ciudadanos y para los empresarios honestos y trabajadores. Risa da pensar que la Policía municipal hizo de 30 a 40 partes diarios a indigentes –léase bien: indigentes– cuando le robaron su edificio a pedazos. Y, perdóneme, no me da risa el hecho de que están desmantelándolo a pedazos, desmantelando su esfuerzo y de los suyos, su patrimonio. ¡Cuánto lo siento, don Antonio! Y pensar que encima de todo le van a cobrar multas por tenerlo en mal estado. Yo que usted me espero a que se lo terminen de llevar y luego hago un parqueo, así se ahorra la demolición y el acarreo. Para parar esta situación, hay que ir a la raíz del cacho… parar a los empresarios de artículos robados. Muerto el perro se acabó la rabia…, decían por ahí.
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