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TLC: Migración y referendo

¡Qué bueno que cada ciudadano podrá hacer valer su opinión mediante un referendo!

Jorge Arturo Chaves
Economista

Seamos sinceros. Nadie sabe con certeza cuáles serían los resultados netos del TLC para Costa Rica en general y desde perspectivas específicas de actividad de la sociedad, por ejemplo: producción, consumo; agricultura, industria; exportación, importación; empleados, empleadores. Con resultado neto me refiero al valor de los efectos favorables o beneficios menos el valor de los efectos desfavorables o perjuicios. En la jerga económica, se dice que partes de esos resultados pueden ser medidas ex-post (después de los acontecimientos), y aún esto es sumamente difícil de hacer ex-ante (antes de los acontecimientos).

Los individuos y grupos que han adoptado posiciones a favor o en contra, todos, tienen una visión parcial, concentrándose la gran mayoría en aspectos específicos que creen que les va a afectar. Y lo mismo vale para la sociedad de Estados Unidos, cuyo Gobierno es el principal impulsor del tratado. Inclusive quienes, con esa visión parcial de sus intereses particulares, esperan que el TLC les favorezca, podrían equivocarse de plano por el fenómeno llamado consecuencias inesperadas o imprevistas, que los científicos sociales conocen bien.

Obligación profesional. Cualquier economista sabe que solo es posible generar hipótesis sobre el fenómeno; y tiene la obligación profesional de decirlo claramente o explícitamente. Así, quienes dijeron o insinuaron recientemente que mediante un modelo econométrico se había ¿determinado, demostrado? que el TLC tendría efectos favorables para el país, hablaron engañosamente. Saben o deberían saber, en su conciencia, que esa predicción depende de gran cantidad de supuestos (conocidos en lenguaje económico como ceteris paribus ), los cuales nunca se cumplen en la realidad.

Por ejemplo, yo tengo otro tipo de hipótesis sobre un aspecto medular de los TLC, el cual describiré a continuación: A los países latinoamericanos les convendría unirse –o coordinar esfuerzos entre sí– para que el comercio con Estados Unidos sea real y totalmente libre, no de mentiritas y parcial. Con esto quiero decir que debería haber no solo libre movilidad de mercancías y capital, como plantea el TLC, sino también de mano de obra, es decir, libre migración. Si así fuera, ocurriría lo siguiente: (a) los trabajadores que queden sin empleo por la falta de competitividad de empresas latinoamericanas, igual que los desempleados actuales, emigrarían a Estados Unidos en busca de trabajo; entonces, (b) debido a esta baja en la oferta laboral, los salarios reales en estos países tenderían a subir; y (c) los trabajadores emigrados ganarían más en Estados Unidos; además, (d) Costa Rica, en particular, se beneficiaría adicionalmente al disminuir la inmigración desde otros países centroamericanos. En síntesis, tomando en cuenta que los trabajadores asalariados forman la gran mayoría de la población, cabría concluir que el resultado neto para los habitantes de estos países sería positivo.

Oferta y costos. Lo interesante es que los capitalistas, empresarios o empleadores de Estados Unidos también se beneficiarían, ya que, al aumentar la oferta de trabajadores en ese país, debido a la inmigración desde América Latina, disminuirían sus costos salariales. Por esto, el Wall Street Journal, órgano defensor de los intereses de ese sector, ha editorializado repetidamente en favor de la hipótesis descrita; véase, por ejemplo, la edición de 2 de julio del 2001. Así, ellos serían potentes aliados –directos o indirectos, manifiestos o latentes– de los gobiernos latinoamericanos que presionaran al de Estados Unidos para adoptar esa política.

Entonces, la pregunta del millón es: Don Óscar Arias ¿aprovecharía su prestigio internacional, como premio Nobel de Paz, para explorar y promover esa opción? Mientras se aclare ese “nublado del día”, ¡qué bueno que cada ciudadano podrá hacer valer su opinión mediante un referendo!

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