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La pandemia de gripe aviar Los virus aviares no reconocen los receptores de las células humanasLibia Herrero Uribe Catedrática, UCR Hasta el pasado mayo, se habían reportado 309 casos de gripe aviar en seres humanos, de los cuales 188 han muerto, dándonos una mortalidad del 60%; sin duda, un dato alarmante. Hasta el momento se ha determinado que los grupos de edad más susceptibles son personas menores de 40 años, dato que sorprende a los expertos, pues los virus de influenza estacionales afectan fundamentalmente a niños pequeños y mayores de 65 años. En la pandemia de 1918-1919, murieron más de 50 millones de personas y el grupo de edad más afectado fue el de los adultos jóvenes. La razón que se aduce, según los últimos estudios, es que el virus del 18 y 19 estimulaba el sistema inmunológico de los pacientes de manera exacerbada, dañando irreversiblemente los tejidos, produciendo la muerte de forma súbita. El virus que nos concierne en la actualidad también induce una respuesta inmune exacerbada en los pacientes, pero se sospecha que, además, existen otras causas, no estudiadas hasta el momento, que podrían explicar la protección a las edades más maduras. Receptores desconocidos. Las razones por las cuales no se ha iniciado la pandemia hasta el momento son de diferente índole. Los virus en general reconocen un receptor específico en su célula hospedera, que les permite hacer el primer contacto con la célula para iniciar la infección. Se conoce actualmente que los virus aviares no reconocen los receptores de las células humanas, por lo tanto no pueden penetrarla, con excepción de las que cubren el pulmón, que se encuentran muy profundo en el sistema respiratorio. Si esto es así, ¿por qué se notifican casos nuevos? Porque el virus puede llegar directamente a las células susceptibles que se encuentran a nivel pulmonar, al exponerse la persona a una dosis muy alta de virus que se produce por medio de los aerosoles que se originan al sacrificar las aves enfermas cuando no se toman las medidas adecuadas de higiene. Al producirse la infección directamente en el pulmón, le es más difícil al virus salir del enfermo para infectar a otras personas. Si el virus aviar muta y adquiere la habilidad de reconocer los receptores humanos, puede penetrar las células que se encuentran en la cavidad nasal y oral e iniciar su replicación, produciéndose gran cantidad de partículas infecciosas que son fácilmente excretadas por las gotas de saliva que producimos al hablar, por estornudos o manos contaminadas, facilitando la transmisión del virus entre las personas. Los casos ocurridos hasta el momento han sido en focos familiares en zonas rurales de los diferentes países asiáticos, por lo cual no se ha producido diseminación del virus. Por otro lado, la educación en el manejo de las aves domésticas, en el mecanismo de infección, en los métodos de higiene preventivos y sobre todo, la respuesta rápida han tenido un impacto positivo para la prevención de la diseminación de cepas peligrosas. Guardia arriba. En Indonesia se introdujo la “epidemiología participativa”, donde los equipos técnicos de veterinarios aprovechan la experiencia de los lugareños para conocer cuándo y cómo ocurren los brotes, y enrolan a las personas a cooperar para mejorar el control. Los datos epidemiológicos obtenidos en el trabajo de campo han dado pistas de cómo el virus se está diseminando en la población aviar y han servido para formular estrategias más fuertes de control. Este nuevo abordaje ha llevado a la “vigilancia participativa” donde son las personas de la comunidad las que se preocupan y hacen la vigilancia de esta enfermedad. Todas estas medidas han contribuido a mantener la pandemia a raya, pero en ningún momento se debe bajar la guardia, ya que los virus mantienen su actividad, sus intercambios de genes y sus mutaciones. El fenómeno de la gripe aviar surge por la interacción de factores sociales, culturales, económicos, ambientales, ecológicos y por la interacción de muchas especies y hábitat, por lo tanto se debe abordar de una forma integral.
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