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Las matemáticas también duelen La matemática y su enseñanza constituyen un proceso lento de ensayo y errorAlejandro López Solórzano Asesor de matemáticas del MEP La enseñanza de la matemática ha de ser un proceso que en términos de aprendizaje produzca efectos duraderos. Esta determinada en primer término por el propio docente y por las condiciones en las que él mismo ha aprendido. Es común en la didáctica, repetir modelos que fueron exitosos en otros tiempos y lugares, ignorando el hecho de que las circunstancias nunca son las mismas. El ser humano adopta formas de razonamiento según su condición social e histórica, por lo que resulta necesario observar activamente las actividades de los estudiantes, para poder determinar así los procesos de razonamiento imperantes, de esta forma es posible adaptar la didáctica a las condiciones existentes. Percepción diferente. Determinadas actividades educativas, que tienen enorme éxito en primaria, son absolutamente rechazadas por los adolescentes, debido a que las encuentran ridículas, inapropiadas a la imagen que tienen de ellos mismos. Otras actividades que resultan de enorme interés para los docentes por su valor matemático, como puede ser la resolución de un problema de alta dificultad, pueden resultar monótonas y sin valor práctico para los estudiantes. Es necesario un diálogo franco entre docente y estudiante, pues es solo a través de este que el estudiante observa en el docente a otro ser humano, con las mismas necesidades y carencias de todos. Se rompe así la aureola de omnisciencia del docente, la cual dificulta en mucho el proceso de comunicación en el aula. La matemática y su enseñanza debe ser percibida tal y como realmente es: un proceso lento de ensayo y error, que ha consumido siglos enteros de esfuerzo humano, no es de ninguna manera un producto acabado, ni fue entregada a Moisés en el monte Sinaí. Fríos y estáticos. Los objetos matemáticos, son fríos y estáticos, contradiciendo así nuestra naturaleza psicológica, que imprime características humanas a todo cuanto le rodea. Puede observarse en las aulas infantiles como elementos tales como árboles y nubes son representados por los niños con caras humanas que sonríen. Lo anterior resulta un mecanismo eficaz, para contactar y entender el mundo objetivo. Dicho mecanismo no desaparece con la infancia, sigue presente incluso en la edad adulta, pues a manera de ejemplo puede observarse a determinados individuos que, al golpear o rayar su vehículo, pasan sus manos sobre el rayón de la carrocería, como si intentaran aliviar el dolor de un objeto inanimado (conozco algunos que hablan con el vehículo, le cuentan sus problemas y hasta le cantan una cumbia). La matemática carece de rostro humano, cuando se menciona las estadísticas de fallecidos en accidentes automovilísticos, de pacientes con cáncer o diabetes, lo mismo da decir que hubo un aumento del 0,02% o del 200%, lo números no tienen significado. Pero si en estas cifras se incluye la muerte de un hermano, de una hija, de un padre, de pronto se advierte que las matemáticas también duelen.
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