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Opinin Luis Eduardo Díaz luisdiaz@nacion.com Periodista Aunque la Copa de Oro termina mañana, es un hecho que uno de los lunares del torneo fue el arbitraje. Costa Rica, Canadá y Panamá pegaron el grito al cielo y no guardaron el más mínimo pesar por la pobre actuación de los silbateros... y con justa razón. Lo ocurrido en la Copa me hace recordar lo mezquinas, autoritarias e ilógicas que son algunas decisiones que se toman en la cúpula de la FIFA. Vivimos en la famosa “era de la tecnología” y es inaceptable –al menos para mí– que las autoridades del deporte más famoso del mundo se cierren a la idea de aplicar la tecnología en servicio de la justicia deportiva. Apertura. Al observar otras disciplinas es palpable ver la justicia ligada a la tecnología. El mejor ejemplo de eso es el futbol americano: los jueces disponen de auriculares, micrófonos y videos para aprobar o no una decisión polémica, siempre bajo el precepto de la imparcialidad y la ‘legalidad’ de una jugada. Incluso, es normal en ese deporte escuchar la voz de los jueces en los altavoces de los estadios. La lista de deportes apoyados en la tecnología es amplia. ¿Acaso podríamos imaginarnos hoy día que la decisión de una disputada carrera de 100 metros planos en atletismo esté solamente sustentada en lo que ve el ojo humano? Jamás... Aunque la FIFA ha deliberado muchas veces sobre el tema, tampoco dan el brazo a torcer. Recuerdo que hace algunos años surgió la idea de que los partidos fueran arbitrados por dos jueces centrales a la vez. Probablemente con dos y hasta tres árbitros siempre existirá la polémica. Sería muchísimo más fácil detener –en casos excepcionales y críticos– un partido y que el árbitro juzgue las imágenes televisivas para confirmar o no un fallo. Esa acción dejaría contentos a todos. Pero eso no es así: ¿cuántas veces usted o yo hemos asistido, por ejemplo, al estadio Ricardo Saprissa y nos quedamos con las ganas de ver en la pantalla gigante la repetición de una jugada? Tampoco se trata de hacer a un lado al ser humano y dejar todas las decisiones a la tecnología porque el futbol es espectacular precisamente por eso: la imperfección de los jugadores que permiten las acciones y aciertos de otros, pero no por las imperfecciones de un juez que si bien tiene derecho a equivocarse, también debe tener derecho a corregirse.
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