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/LA NACIÓN

No somos una isla

Tanto discurso sobre “la Suiza centroamericana” parece haber calado hondo

Óscar Arias Sánchez
Presidente de la República

Recientemente, el Movimiento Solidarista celebró su XXI Congreso Nacional, llamado “Pensando en el futuro con responsabilidad”. Cabe entonces preguntarnos: ¿a qué nos obliga la responsabilidad al pensar en el futuro? Pensar en el futuro es un ejercicio académico, no mítico. No se trata de consultar las cartas o la bola de cristal. Es el terreno de la ciencia, no el movedizo pantano de la superstición.

Por eso estamos obligados a mantener cierto rigor en los argumentos. Con asombro, he visto cómo parte importante de la discusión sobre el futuro de nuestro país se sume en el terreno de lo fantástico, en los dominios del realismo mágico aplicado al acontecer nacional.

Presento, tan solo, un ejemplo. En el bellísimo libro de García MárquezEl otoño del Patriarca , los norteamericanos se llevan el mar, que es el último recurso que el dictador latinoamericano encuentra para venderles. Como ficción es una idea genial. Pero cuando encuentro a opositores del TLC repartiendo volantes en que dicen que con el TLC vendemos el agua, los ríos y los mares, ya no sé si estoy viviendo en el mundo de lo fantástico o en el mundo de los hechos.

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/LA NACIÓN

Ciencia, no superstición. Debatir de esa forma sobre el TLC no solo es malintencionado y truculento, es sacar una ventaja desleal frente a quienes defendemos el “sí”. Los partidarios del “no” reclaman igualdad en el acceso a los medios de comunicación, igualdad en los recursos para la campaña por el “no”, igualdad en espacios para debatir y manifestarse, pero nos niegan la igualdad más elemental de todas: igualdad en el nivel de discusión. Les pedimos ciencia, y nos dan superstición.

Bien dijera John Stuart Mill que, entre la verdad y la falsedad de una proposición, hay una alternativa, hay un término medio, y es la falta de sentido. Decir que con el TLC se vende Costa Rica, se privatiza la vida humana, desaparecen nuestros bosques, ríos y mares, nos anexamos a Estados Unidos, regalamos la isla del Coco y quebramos la Caja, el ICE y el INS, no es más que hacer afirmaciones falsas y sin sentido que, sin embargo, se valen del genuino sentimiento solidario de los costarricenses para convencerlos de argumentos francamente temerarios.

Por suerte hay excepciones. Un grupo de estudiantes universitarios denominado “U’s por el Sí”, se ha dedicado a luchar por que sus universidades no solo sean meca de la imaginación, sino también de la academia. Y es que el realismo mágico a menudo es muy mágico, pero no tan realista. Si queremos pensar en el futuro debemos pensar en las circunstancias que tenemos, y no en las que desearíamos tener.

Tendencia endémica. El escritor nacional Isaac Felipe Azofeifa nos hablaba, en su ensayo La isla que somos, de la tendencia endémica costarricense de considerarnos una isla frente al mundo. Tanto discurso sobre “la Suiza centroamericana” parece haber calado hondo en nuestro imaginario colectivo, con una consecuencia terrible: nos ha permitido eliminar de nuestro análisis de la realidad el contexto en el que nos desempeñamos. Sólo así puedo explicar el argumento conforme al que, si no aprobamos el TLC, no tenemos nada que perder y seguiremos exactamente igual a como estamos ahora. Eso no es cierto. Y no es cierto, precisamente, porque Costa Rica no es una isla. Si las demás naciones centroamericanas abrazan el libre comercio, nuestra posición relativa se debilita. Seguiremos siendo el mismo país de trabajadores educados y buenas condiciones para la inversión, pero en medio de otros países que ya nos pisan los talones y muy pronto nos podrían superar. Si no aprobamos el TLC, no solo cerrarán muchas empresas de las que están en nuestro territorio, sino que, y sobre todo, dejaremos de recibir otras empresas, que se irán a los países vecinos, como demuestra una noticia sobre Nicaragua publicada recientemente por este medio. No somos una isla, no somos la “Suiza centroamericana”, y si no aprobamos este TLC, y los que después logremos firmar con la Unión Europea, China y demás naciones asiáticas, pasaremos a ser la “Albania centroamericana”.

Los solidaristas han sabido comprenderlo. Por eso han sido uno de los movimientos más exitosos en Costa Rica en el último medio siglo. Por eso, también, han recibido el apoyo decidido del gobierno de la República y de la sociedad costarricense.

De ahí que, como presidente de la República, he extendido una invitación a las señoras y señores diputadas(os) jefas(es) de Fracción de la Asamblea Legislativa para que hagan suya una iniciativa que permita dar rango constitucional al Movimiento Solidarista. En el mismo texto en que prohibimos el ejército, hace ya casi 60 años, incluiremos precisamente ahora a las fuerzas armadas solidaristas: armadas con la conciencia nacional, con el afán de trabajo, con la intención de defender la verdad y con el deseo de comprender mejor la realidad que nos rodea.

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