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Corredor de crimen y violencia Una realidad que socava y paraliza el desarrollo de CentroaméricaAntonio Alonso Mejía S. alonsomejia4@hotmail.com Alarma en grado sumo el informe reciente de la oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas (Onudd) en Viena, titulado “Crimen y desarrollo en Centroamérica: atrapados en una encrucijada”. El documento señala que, por su posición geográfica, el istmo “está atrapado entre el mayor productor mundial de cocaína, Colombia, y el mayor consumidor mundial, Estados Unidos”. Esta realidad –de conformidad con los expertos– socava y paraliza el desarrollo económico de la región. El problema golpea a todos los países del área. El fenómeno de las pandillas juveniles conocidas como “maras” es una situación fuera de control para las autoridades en Guatemala, El Salvador y Honduras, donde –dice el informe– existen las más altas tasas de homicidios en el mundo. La inseguridad ciudadana en estos países es una sombra de terror que a diario envuelve con su manto de muerte y violencia a la población, sobre todo en zonas urbanas. El crimen organizado ha permeado ciertas instancias de los poderes gubernamentales, según los medios de información, y se ha infiltrado a tal grado en el poder judicial, que esta institución no goza de mucho prestigio en dichos países, más bien es vista como vulnerable a la corrupción. Peligro inminente. A Nicaragua y Costa Rica aún no ha llegado el terror de las “maras”, que actúan basándose en cierta apropiación de determinados territorios como radio de acción para realizar su vandalismo, mas el peligro es inminente. En cambio, es notorio que en Costa Rica el crimen organizado del narcotráfico ha tomado auge en los últimos años, y ya es común leer, escuchar y ver en los noticiarios sobre asesinatos y asaltos a mano armada a bancos, ejecutados por individuos dispuestos a todo a cambio de una buena paga. Ha entrado a escena el llamado sicariato. En Nicaragua –donde estas modalidades de acción criminal eran desconocidas hasta hace poco– es cada vez más frecuente enterarnos de las persecuciones policiales a las bandas narcotraficantes y a los asaltantes que llevan a cabo fechorías según un plan bien organizado. Ventaja, no lastre. Entonces, ¿qué hacer ante este desolador panorama que no parece tener solución? Se calcula en unos 70.000 los miembros de las pandillas en Centroamérica, pero esto “es un síntoma de un malestar social más profundo que no se puede solucionar encerrando tras las rejas a todos los chicos de la calle”. (...) “El futuro de Centroamérica depende de que se considere a la juventud como una ventaja y no como un lastre”, añade el informe. Todo el mundo sabe que el narcotráfico propicia la corrupción, y esta, a su vez, revierte los esfuerzos para el desarrollo de los países del área, que aún no salen del círculo de la pobreza que aqueja a la población, vulnerable a todos los males que conlleva el espiral de la violencia. “Muchos de los problemas de la región solo pueden ser solucionados desde fuera, principalmente reduciendo la oferta y la demanda de droga. Otros requieren un fuerte liderazgo político interno”, concluyen los expertos de la Onudd. Es, pues, una tarea urgente poner como prioridad en la agenda regional de Centroamérica esta grave situación; de lo contrario, naufragaremos todos en el mar de la desesperación y de la impotencia. No lo dudemos.
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