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Opinin Harold Leandro C. hleandro@nacion.com Periodista Toda sociedad necesita de per sonas que, por su relación con el entorno, sirvan de espejo a los demás para mirarnos. En los últimos años, Costa Rica ha visto la aparición de algunos que, gracias al favor de sectores de la prensa, se presentan como el estereotipo a seguir. Son ídolos de barro que no resisten el mejor de los catalizadores, el tiempo, y pronto sucumben al menor movimiento del suelo. Los hemos visto en la política, la farándula, el deporte, etc. Esta situación nos pilló con el corazón lento y la mente distraída, pues lo que impera en esta postmodernidad es la tentación de estar y no la realidad de lo que somos. Para muestra un botón: un empresario reparte dólares sin ton ni son y futbolistas y algunos periodistas corren presurosos a hacerle caravana sin el menor sonrojo. Y uno se pregunta el porqué de estas cosas, si no será que tanta televisión nos estará embruteciendo o si el TLC ya nos llenó hasta el hartazgo y no nos importa nada. Del tenis. En medio de este panorama resuena el nombre de Juan Antonio Marín, quien desde joven destacó en el tenis, tanto que para realizarse emigró a la tierra de sus padres, España, donde cosechó una carrera profesional como ningún otro costarricense lo hizo. Es cierto que ha vivido mucho tiempo en Europa, pero él se siente y se percibe como costarricense. Se mantuvo durante 11 años en los más altos niveles de exigencia en el tenis profesional y nadie de México, Centroamérica o el Caribe se le acerca en sus logros. El himno tico sonó en siete torneos que ganó y todavía recuerdo el grato momento en que venció en Santiago al chileno Marcelo Ríos, quien con esa derrota no pudo llegar a ser número uno del mundo. Tampoco se olvidan aquellos dos juegos fantásticos contra los estadounidenses Michael Chang, a quien derrotó, y Andre Agassi, al que tuvo bajo las cuerdas. Algunos, por envidia, lo critican. Dicen que no es tico, que no merece ser reconocido, que mal se hace si se le da pelota en la prensa. Pero, si la Selección Nacional hace tiempo no nos da ninguna alegría en el gran teatro del futbol, ¿por qué renunciar a los que nos ofrece, generoso, Juancho Marín? Ahora que anunció su retiro, pasarán muchos años para que otro tenista criollo vuelva a descollar en el circuito profesional. Deja al deporte tico sin exponentes en el firmamento mundial, máxime que la Tricolor está de capa caída, Lobito Fonseca se retiró por lesión y Claudia Poll transita por el ocaso de su carrera.
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