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Enfoque Jorge Vargas Cullell A grandes males, grandes remedios: ¿Se necesitará una crisis para hacer grandes cambios en Costa Rica? Algunas personas lo creen así; apuestan a la agudización de las contradicciones (como se decía antes), o a la polarización (como se dice ahora) como estrategia para forzar cambios. Su tesis es que la estabilidad genera complacencia; la crisis, una transformación. No estoy de acuerdo: el país pierde con esta estrategia y las transformaciones son posibles aun cuando no estemos contra la pared. La probabilidad de hacer cambios drásticos de uno u otro signo aumenta cuando se cumplen tres condiciones: una crisis golpea duramente a la población, incluyendo a grupos capitalistas; muchos ciudadanos están dispuestos a sacrificios con tal de que se arregle rápido la situación; y un líder (movimiento político) se aprovecha, comanda el cambio y propina una derrota decisiva a sus adversarios. En nuestra propia historia grandes reformas se dieron en épocas turbulentas, cuando se cumplieron, con matices, estas condiciones. Pensemos en las reformas sociales de los años cuarentas y los cambios que trajo la Junta de Gobierno de Figueres; contrastémoslas con la amarrazón del país en los últimos diez años, donde todo se empantana en un mar de desconfianzas. Algunas personas piensan: “Si antes pateamos el tablero y forzamos cambios, ¿por qué no ahora? Nadie está contento con esta situación”. Cualquiera puede crear desórdenes; es cuestión de bloquear carreteras, poner petardos y hacer atentados. ¿Luego qué? Las condiciones conspiran contra el éxito del radicalismo de derecha o de izquierda. Hoy, las vanguardias no tienen raíces en la ciudadanía. Necesitarían infligir un enorme daño a una economía en crecimiento, crear desórdenes, mantener operaciones sostenidas en frentes urbanos y esperar que la marea vaya del lado “correcto”. Demasiados supuestos... Si no hay condiciones para un cambio radical, ¿cómo desenredar esto? ¿Cómo poner fin a un statu-quo que nadie quiere, sostenido por un bloqueo entre fuerzas políticas que nos empuja a una larga decadencia? Estoy tentado a decirles que ahí les dejo la preocupación, pero supongo que no es aceptable. Sugiero: veamos con atención los acuerdos en Irlanda en los ochentas y noventas, que catapultaron su desarrollo y les permitió aprovechar sus ventajas. No fueron acuerdos maximalistas, un proyecto-país común, sino entendimientos sobre ciertos asuntos estratégicos. Fueron prácticos y le metieron candela. Tenemos dos partidos reformistas (PLN, PAC), cuya distancia ideológica no es tan grande, y muchos interesados en reconciliar crecimiento y distribución social. ¿Por qué no?
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