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La ventana rota A propósito de la contaminación visualen San Pedro de Montes de OcaVíctor Valembois Profesor EnMax Havelaar , novela holandesa escrita en Bruselas, el autor, más conocido como Multatuli, desde la primera página pone un narrador que a cada rato señala “ya sé, lector, que mi relato cansa”. Algo por el estilo ocurre con mis artículos sobre San Pedro de Montes de Oca. Lo siento, lo proclamo... y lo repito. En esta oportunidad quiero referirme a la contaminación visual por esos parajes de Dios. La hay, por actos particulares, como esos chiquillos del mismo colegio Vargas que, a raíz de cierta huelga, durante varios días dejaron las calles aledañas hechas un asco. La hay con esa escupidera pública que uno observa ahora, nueva manía, hasta en ciertas mujeres. China, nuestro nuevo aliado diplomático, logrará romper esa arcaica y decadente costumbre, pero, en el San Pedro nuestro, quién sabe. Allí voy, lector, y ya sé que mi relato cansa. Hay también contaminación visual por la desidia y la ineficacia de las mismas autoridades. Calza para el medio esa “teoría de las ventanas rotas” de los criminólogos Wilson y Kelling, en los Estados Unidos: el crimen es el resultado inevitable del desorden. Si una ventana se quiebra y no se repara, la gente en la cercanía saca la conclusión de que a nadie le importa o que nadie está a cargo. En buen tico, es la institución del “portamí porque porta-ellos”. Invitación a desajustes. En San Pedro ya prevalece la señal de que “todo es permitido”, grafittis, esa fumadera de marihuana en las barbas de la Policía de Proximidad, ese policía estacionando en línea amarilla y tantas situaciones: “ventanas rotas”, que a su vez invitan a desajustes más serios. Vea esa estética tétrica por doquier, empezando por el principal acceso a la universidad, en sí un acto delictivo; es el apaga y vámonos de la misma educación. También la degradación visual permite y fomenta el desorden contagioso, el crimen como la gripe son epidémicos. Voy a otro ejemplo, aparentemente contradictorio: esos nuevos y costosos letreros luminosos, sí en la misma calle ya señalada, perdón, lector, pero es para que entiendan en la municipalidad. ¿Cómo creen disminuir el vicio del alcohol y del tabaco a base de publicidad para esos mismos productos? Es una ventana en mil pedazos. A mí no me vengan con que esos mamotretos que obstaculizan la vista nos protegen contra el hampa: si fuera así, hace rato nos habrían mostrado que, gracias al monitoreo de 24 horas al día (¡ojalá!), lograron pillar a los vándalos en ese sector, incluyendo ese dueño de bar, que rompe y vuelve a romper sellos municipales y que arremete y agrede en otro bar… ¡Habrase visto! Cosas veredes, Sancho. Qué curioso, en San José plantan arbolitos de verdad y en San Pedro ponen vallas de metal: ¿árboles postmodernos? Perdón, lector, ya sé que mi relato es aburrido, pero contribuya usted también a “reparar las ventanas rotas”.
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