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Si el IDA no existiera… Una de cada cinco familias vive en la pobreza y casi la mitad está en zonas ruralesEnnio Rodríguez En el Estado costarricense existe redundancia institucional, resultado de duplicaciones u obsolescencias. En el caso del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), se ha mostrado evidencia de mala gestión e indicios de presunta corrupción, pero esto no permite concluir que sea irrelevante. En el pasado, en algunos momentos especialmente significativos por los conflictos agrarios, el Instituto Costarricense de Tierras y Colonización (ITCO) y después el IDA desempeñaron un papel clave en su manejo y solución institucional. Cabe recordar algunos de esos casos más relevantes. La colonización espontánea fue la válvula de escape a los problemas de empleo durante la primera mitad del siglo XX, especialmente agravados en las crisis económicas. Así se fueron colonizando, por ejemplo, el valle de El General y las llanuras del norte. El ITCO empieza con la organización del proceso de colonización de los baldíos nacionales durante la década de 1960. En la Administración Orlich, que lo vio nacer, el ITCO puso orden en la organización de ese proceso de colonización de los baldíos nacionales, por ejemplo, en las colonias de Cariari, Astúa Pirie, La Libertad y Chambacú (esta última se convirtió en una invasión durante el cambio de gobierno siguiente), entre otros. Salidas negociadas. En la década de 1970, durante la Administración Oduber, el ITCO tuvo un papel clave en la atención de los conflictos agrarios generados como resultado del agotamiento de la frontera agrícola y el cierre de la válvula de escape al desempleo agrícola. Estos movimientos se radicalizaron y tenían vasos comunicantes con los procesos revolucionarios en Nicaragua, pero también de El Salvador y Guatemala. Fue un período de radicalización ideológica. El ITCO logró salidas negociadas e institucionales en los conflictos de La Vaca, La Vaquita y Río Frío, entre otros. Las invasiones se habían dirigido a ocupar terrenos ociosos de las compañías bananeras transnacionales. La crisis de la deuda y del modelo de desarrollo basado en una combinación de sustitución de importaciones y diversificación de exportaciones se inicia en agosto de 1981. El desempleo resultante también generó conflictos agrarios. En estos años se registró incluso una reversión de las tendencias de las migraciones campo-ciudad. Los conflictos de nuevo tuvieron vinculación con la ideología revolucionaria de los vecinos del norte. El principal escenario del conflicto al inicio de la Administración Monge fue el asentamiento Neguev en el Atlántico, cuando células armadas tomaron como rehenes a empleados del ITCO. Cabe destacar que, en este y los casos anteriores, las soluciones se lograron sin expropiaciones conflictivas ni represión de los dirigentes campesinos; el ITCO-IDA vino a encontrar salidas institucionales a las demandas de campesinos sin tierra dirigidos por líderes radicales, y logró la vinculación positiva de estos campesinos con la producción y la sociedad.
Base de diversificación. Un resultado que podría sorprender es que alrededor de una cuarta parte de la tierra en fincas ha sido redistribuida para asentamientos campesinos del IDA. Adicionalmente, el IDA ha contribuido con tierras para parques nacionales como Carara, el refugio Rafael Lucas Rodríguez, Corcovado, Palo Verde, etc. De manera que el IDA ha contribuido decididamente a bajar tensiones sociales de alta carga ideológica y a disminuir la pobreza rural; ha contribuido a los parques nacionales; y un resultado no intencional, pero no menos relevante: ha promovido el desarrollo del mercado de la tierra al subdividir grandes fincas en parcelas de tamaño mediano, las cuales han sido la base de gran parte de la diversificación agrícola a partir de la apertura externa de mediados de la década de 1980. Pero la relevancia pasada no justifica necesariamente su necesidad futura. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que una de cada cinco familias vive en la pobreza, casi la mitad está en zonas rurales y, en su mayoría, no cuentan con activos ni destrezas para participar efectivamente en la producción. Sufren, por lo tanto, de exclusión social y económica, y se requiere apoyo estatal para romper con las barreras de la exclusión. Para esto, el IDA no debiera actuar aisladamente, de tal suerte que las familias adecuadamente seleccionadas puedan recibir activos productivos (pequeñas parcelas o huertos) con la debida inversión en infraestructura y capacitación técnica, acompañada del bono familiar de la vivienda para que tengan un techo digno, y del programa “Avancemos” para que los muchachos adquieran herramientas propias para romper el ciclo de la pobreza. Mientras exista pobreza rural con exclusión social, necesitaremos del IDA, engarzado, eso sí, del BANHVI y del IMAS. Si el IDA no existiera, tendríamos que crearlo.
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