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Futbol Internacional Hoy se disputan las semifinales del torneo regional, que termina el domingo Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Roger Millá no está solo. Por fin, otro futbolista demuestra en un torneo internacional que la barrera de los 40 años no es obstáculo para que un jugador se convierta en gran protagonista. Joselyn Angloma es el “Millá” de la Concacaf. Con 41 años, el guadalupano anotó dos goles en la actual Copa de Oro, en las victorias ante Canadá y Honduras. El lateral derecho hizo carrera con el combinado mayor de Francia, e incluso se retiró hace cuatro años. Sin embargo, desempolvó los tacos para ayudarle al equipo de la isla de Guadalupe, que necesitaba una figura de su calibre para conducir a la Selección. Aunque al inicio parecía ser más bien un símbolo, un simple elemento de renombre para subirle el perfil a los guadalupanos, Angloma demostró que todavía le quedaban valiosos cartuchos sobre el campo de juego. La respuesta física no es igual, por supuesto, y el veterano tuvo que ver casi todo el partido ante Costa Rica desde la banca, pues menos de 48 horas antes había batallado ante Canadá. Con descanso es otra cosa. Se convierte en un depredador por la banda, capaz de cubrir terreno como un novato y de aventurarse en la selva del área grande. Es la misma actitud que, tres lustros más atrás, otro “dinosaurio” del balompié utilizó para maravillar al planeta en la competición más importante de todas. Nunca es tarde. La leyenda de Roger Milla comenzó a los 38 años, una edad en la que casi todos los jugadores profesionales pasaron la página del futbol y buscan nuevo rumbo lejos de la cancha. Hizo dos goles en el Mundial de Italia 90, incluyendo el célebre regalo que le dio René Higuita en segunda fase por andar haciendo pases en la mitad de la cancha. Cuatro años después, en Estados Unidos 94, terminó de elevar su nombre a un estadio superior al anotarle a Rusia un gol con 42 años, que lo convirtió en el anotador de más edad en un Campeonato Mundial en todos los tiempos. Lo de Angloma es un poco más modesto, de la misma forma que la Copa de Oro carece del brillo y la trascendencia de un Mundial. Es, sin embargo, la confirmación de que el milagro de la longevidad es posible en el futbol, un deporte que genera, aprovecha y devora estrellas a ritmo de vértigo. Guadalupe puede darse por pagada con lo que ha hecho hasta el momento. Ni siquiera selecciones mundialistas, como Costa Rica, Trinidad y Tobago o Honduras, lograron el honor de clasificarse para las semifinales. Todo es ganancia a estas alturas. Más si enfrente estará México, consentido del torneo.
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