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Sopa de aletas de tiburón


Ofelia Taitelbaum Y.
Diputada

Transcribimos una cruel receta que se remonta, históricamente, al año 998:

Ingredientes: Muelles clandestinos o privados. Falta de controles sobre las aguas patrimoniales. Miles de toneladas de impedimentos para actuar judi- cialmente. Cientos de lanchas pesqueras al margen de la ley. Miles de tiburones de desecho.

Preparación: Córtele las aletas al tiburón. Cerciórese de que, al cortarlas, el animal esté vivo y vea su sufrimiento. Luego de cortar las aletas, tire el resto del cuerpo al mar. Tras tirar los desechos, asegúrese de que está contaminando el mar y rompiendo la cadena alimentaria y el equilibrio ecológico global. Cocine las aletas a fuego acelerado. Sirva bien caliente y sorba, poco a poco, sin ningún tipo de remordimiento.

La preparación de esta receta, sirve para ilustrar el salvaje acto de la corta de aletas a los tiburones, en aguas nacionales. Es una historia cruel, que se remonta a miles de años atrás. Diversos estudios indican que la sopa de aletas fue consumida por primera vez durante la dinastía Song, en el año 998 y se tornó popular durante la dinastía Ming, alrededor del año 1368.

Indistintamente de cuándo se comenzó a consumir, lo cierto es que los tiburones llevan más de 200 millones de años en el planeta y debemos hacer algo para que no sufran un destino similar al de las tortugas.

En el país existen organizaciones no gubernamentales que se han preocupado por el problema del aleteo, como el Programa de Restauración de Tortugas Marinas (Pretoma) y Apreflofas.

Cifras aterradoras. Según un reporte presentado este año, en San José, por la Organización Internacional para la Conservación “WildAid”, junto con una ONG nacional y Pretoma, las poblaciones de tiburones en Costa Rica han disminuido, sustancialmente, pues han sido sometidas a sobreexplotación.

Datos del Incopesca revelan que más de 200.000 tiburones fueron aleteados en el 2003 y 130.000 en los primeros 10 meses del 2004, sin que se haya procesado judicialmente a alguna embarcación.

Los tiburones tardan muchos años en obtener su madurez sexual y tienen periodos de gestación largos, por ello la recuperación de las poblaciones puede llevar décadas.

Lo lamentable es que con el aleteo no solo los tiburones se afectan. Los pescadores artesanales de Puntarenas han reportado bajas en sus capturas de tiburón de entre un 60% y un 70%, en los últimos años.

¿Cómo funciona el mercado del aleteo? En este escenario, la carne de tiburón no interesa. Lo importante es la aleta, que se paga mejor. La mayoría del mercado es clandestino y paga en efectivo para evitar impuestos. Los mayores consumidores son China y Hong Kong, donde un plato de aleta puede costar más de $100, porque se considera un alimento con propiedades energéticas y afrodisíacas.

Ni sabor tiene. Lamentablemente, este plato, también, es ofrecido en restaurantes de nuestro país. Algo irónico es que la aleta, por ser cartílago, no tiene sabor. El sabor de la sopa lo aportan ingredientes adicionales, como caldo de gallina o pescado.

¿Cómo evitar esta receta? En el plano institucional se requieren mayores presupuestos, para garantizar la aplicación de la legislación, así como reformas, para reforzar los controles en la descarga de barcos extranjeros en muelles privados de nuestro país.

El presidente Óscar Arias se comprometió, el pasado 18 de abril, a investigar las denuncias planteadas por la organización ambientalista Pretoma. Sin embargo, el principal ingrediente para impedir las matanzas lo tenemos nosotros mismos: Para evitar que la sopa de aletas siga amenazando la existencia de los tiburones, debemos decir no a este caldo de exterminio, cuando nos ofrezcan un menú exótico. No consumamos sopa de crueldad.

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