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El secreto mejor guardado La política se rodea a veces de razones que la razón no comprendeVelia Govaere veliagov@racsa.co.cr El escenario de la vida política comienza muy lentamente a despertarse. El calendario se deshoja lentamente hacia la hora cero. La inminencia de las horas nos sume en una negación colectiva, porque nos asusta la trascendencia de lo que nos espera y preferimos pensar que el tiempo se detiene. Pero el espectáculo corre. El presidente Ortega, estratega militar que es, combina un movimiento envolvente con acciones aparentemente contradictorias que, sin embargo, confluyen hacia nosotros con el mismo propósito: buscar que triunfe el “no” y, al mismo tiempo, beneficiarse de ello. Desde la cumbre del ALBA, nos reportaLa Nación del 1.° de mayo del 2007, que exhorta a ofrecer recursos y apoyo para que triunfe el “no al TLC” en el referendo de Costa Rica. Por otra parte, el 14 de junio,La Nación consigna que llegó una misión de Nicaragua para hacer la corte a inversionistas extranjeros, animándolos a abandonar Costa Rica y enfilar su rumbo a Nicaragua, alegando que allá el inversionista tiene la seguridad que ofrece un TLC con Estados Unidos. Argumento convincente, por cierto. Acciones de un rival. ¿Hay contradicción entre apoyar el “no” en Costa Rica y querer sacar ventaja de la posibilidad de que el “no” triunfe? En mi humilde opinión, no. Son dos pinzas de un mismo movimiento; acciones no muy finas ni amistosas, tal vez, pero congruentes con las de un rival comercial de Costa Rica. Otros países no tendrán, tal vez, el mismo talante, pero el secreto mejor guardado en Centroamérica es cierta euforia ante la posibilidad de quedar solos como plataforma segura de exportación hacia el gigante del norte. No los culpo. Cada costarricense tiene una capacidad de exportación equivalente a la de 7 de los demás países del istmo. En el mercado norteamericano, la tajada de 4 millones de ticos es mayor que la de 32 millones de hermanos centroamericanos. Nos lo hemos ganado con mucho esfuerzo. Pero es comprensible que se sienta desproporcionado el espacio de Costa Rica en la economía norteamericana. ¡Ya querrían muchos repartirse esa hermosa porción! Beneficio personal. Pero todas estas argucias no son lo que interesa a los millones de costarricenses que siguen preguntándose en qué les beneficia personalmente el TLC y qué se está haciendo para que las oportunidades de comercio internacional tengan un impacto más equitativo. Tristemente, solo algunos especialistas podríamos atestiguar que existen respuestas a esa angustiosa pregunta, porque sabemos y hemos incluso trabajado en sinnúmero de iniciativas, algunas ya en marcha y otras en proceso de implementación, que llevarán los beneficios del TLC al acceso, directo o indirecto, de todos los hogares. ¿Por qué no se conocen? ¿Por qué no se divulgan? ¿Por qué siguen en silencio? Yo eso no lo entiendo. Se escapa a la comprensión de mi pobre sentido común, la razón que pueda explicar por qué las políticas de acompañamiento al TLC siguen cuidadosamente guardadas en el cofre de los misterios incomprensibles, que envuelven, a veces, a las políticas públicas. La política se rodea ocasionalmente de razones que la razón no comprende. Las acciones de Estado para abrir puentes que vinculen a sectores excluidos de los beneficios del comercio exterior enriquecerían de contenido la “Alianza ciudadana por el sí”, dando al TLC fundamento social y rectificando una laguna peligrosa en las políticas públicas, que trasciende al mismo TLC. Creo que ese es un secreto que debería estar menos guardado.
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