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Desarrollo tras las armas Centroamérica aún no ha terminado de ganar la pazEduardo Ulibarri Periodista Los problemas son de gran magnitud. La pobreza, la inseguridad, las desigualdades y la violencia cotidiana están entre ellos. Solucionarlos es sumamente complejo. Pero, en medio de esta situación, se acaba de divulgar una excelente noticia sobre Centroamérica: es la única región del mundo donde los gastos militares bajaron en la última década. La información proviene de una de las instituciones más reconocidas en la materia: el Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz, de Estocolmo, conocido como SIPRI, por sus siglas en inglés. En un estudio divulgado hace pocos días, reveló que los gastos militares centroamericanos (también incluyen México) bajaron 5% entre 1997 y 2006. En Sudamérica, en cambio, subieron 21%, con Venezuela como principal impulsora, seguida por Chile. El incremento mundial llegó al 37%. Desde Esquipulas. Por una simbólica coincidencia, el SIPRI publicó su estudio pocas semanas antes de que, el 7 de agosto, se cumplan 20 años de los acuerdos de paz conocidos como Esquipulas II, que permitieron abrir la vía para terminar los conflictos armados de Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Su participación en ese plan, junto al entonces mandatario guatemalteco, Vinicio Cerezo, fue la principal razón para que el presidente Óscar Arias ganara el Premio Nobel de la Paz en 1987. Como resultado, en 1990 Violeta Barrios de Chamorro se impuso en las urnas a Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FMLN), e inauguró la democracia contemporánea de Nicaragua. Los acuerdos de paz de El Salvador se firmaron en 1991. Desde entonces, la vida política tomó un rumbo pacífico. Los de Guatemala debieron esperar hasta 1996, y pusieron fin a una virtual guerra interna con 36 años de duración y 200.000 víctimas. Honduras logró retomar su alternabilidad democrática. Costa Rica se sintió más segura. Y, en 1991, Panamá, de regreso al régimen civil, reformó su Constitución y también abolió las fuerzas armadas. La apuesta por menores gastos castrenses no solo es un resultado casi automático de la paz. También muestra que los militares centroamericanos, al contrario de sus colegas en otros países del hemisferio, aceptaron una posición más modesta. Esto explica que, mientras en el 2005 Guatemala solo destinó el 0,3% de su producto interno bruto (PIB) a gastos militares, Honduras y El Salvador el 0,6% y Nicaragua el 0,7%, una democracia como Chile creció en un 3,7%, debido a la renovación de armas y equipos.
Homicidios en paz. El nuevo ambiente de paz en Centroamérica, sin embargo, no ha evitado la inseguridad interna y la violencia. La muerte defendiendo causas políticas ha sido sustituida en El Salvador, Guatemala y Honduras por la criminalidad. Y sus principales ejecutores no son solo las pandillas juveniles conocidas como “maras”, sino los agentes del crimen organizado y la delincuencia común. Con 47,7 crímenes anuales por cada 100.000 habitantes, El Salvador padece el mayor índice de homicidios del continente, por encima de Colombia; Honduras tiene el tercero y Guatemala, el cuarto. Esta violencia refleja, entre otras cosas, serias faltas de oportunidades, frustración, policías ineficientes y Estados de derecho muy débiles o al borde del colapso (como en Guatemala). Nicaragua es más segura, pero con igual o mayor exclusión y pobreza, además de un Gobierno con inquietante mensaje político. En nuestro país y Panamá la situación es sustancialmente mejor; pero, mientras aquí sufrimos de crónica lentitud en la toma de decisiones, allá el gran problema es precisamente la persistente corrupción. De cara a este panorama, la frase de que con Esquipulas II fue posible vencer la guerra, pero aún no se ha podido ganar la paz, tiene indudable vigencia. Dentro y fuera. El presidente Arias definió el reto en una actividad celebrada hace pocos días en Nueva York, para conmemorar los acuerdos: “Centroamérica necesita la atención de la comunidad internacional para librar la verdadera batalla, que es contra la desigualdad”. Sin embargo, de poco servirá esa atención sin la acción nacional. Es decir, la segunda victoria centroamericana, que se encamine hacia mayor desarrollo, oportunidades y equidad, necesita apoyo externo, pero depende, sobre todo, de los dirigentes políticos y las élites de cada país. Esquipulas II se vio beneficiada por el debilitamiento de la Unión Soviética, las presiones de Estados Unidos y la mediación de las Naciones Unidas y otros actores. Sin ello, quizá no se habrían alcanzado los acuerdos. Pero las decisiones más complejas y valientes debieron tomarlas los mandatarios de entonces, y solo se pudieron ejecutar por la disposición de otros actores internos, como militares, guerrilleros, políticos, empresarios y religiosos, y por el apoyo ciudadano. Guardando las grandes diferencias, algo similar debe ocurrir ahora.
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