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Jugadores ticos hacen ejercicios de estiramiento en la cancha del Reliant. La mayor parte de la práctica fue a puerta cerrada. Rafael Pacheco Para LN
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Futbol La cancha está en pésima condición
Houston, Texas. El estado del terreno de juego del Reliant Stadium se puede resumir así: la cancha es indigna del estadio. Como un falso amigo, se ve muy bien de lejos pero de cerca…
Poco después de que la Tricolor terminara con el reconocimiento respectivo (iniciado a las 10:30 a. m., 9:30 a. m. en Costa Rica), La Nación comprobó que se encuentra muy maltratada, irregular, plagada de huecos, dura y con pequeñas zanjas en las costuras que unen cada uno de los cuadrantes del césped, que a pesar de ser natural es removible.
El color verde oscuro luce artificial, como si alguien le hubiera echado una mano de pintura; además, contrasta con el verde de los costados exteriores de la cancha: mucho más claro y con evidente resequedad.
“La verdad es que está un poco deteriorada y con huecos, uno esperaba algo mejor, pero hay que jugar con eso”, expresó el volante Michael Barrantes.
El lateral Harold Wallace censuró el estado del terreno, pero advirtió que no se trata de ninguna disculpa por adelantado. “Conociendo las condiciones que se dan en los Estados Unidos, la cancha está muy mala, según comprobamos; sin embargo, se puede jugar y no es ninguna excusa”.
El miércoles pasado, Hugo Sánchez se quejó de la gramilla (“imposible de jugar”), la cual iba a perjudicar el juego de toque de las dos selecciones y adelantó que Hernán Medford se quejaría igual.
Medford la criticó ayer, aunque, como sus pupilos, advirtió que no se trataba de alguna justificación previa. “Está mal, está mal; pero si está mala para México, está mala para Costa Rica. No es excusa, porque si se pierde es porque el rival fue mejor, no por la cancha”.
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