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ALTERRA No se deben aceptar modificaciones ilegales a un contratoRafael A. Chinchilla Excontralor General Más de 4 años de escuchar y leer sobre el contrato que puso en manos de una trasnacional la ilusión de tener un aeropuerto moderno, ha generado confusión, y “en río revuelto, ganancia de pescadores”. Tan desprestigiada está la contratación administrativa que más de uno creerá que los pobreciticos de Alterra tienen la razón. Y, aunque los conocedores no necesitan lecciones, esto va para el común. Los contratos administrativos nacen con el cartel que impone las condiciones. Quien no acepta, queda fuera. Y las “condiciones” deben mantenerse durante todo el contrato. No es posible aceptar modificaciones, por ley y por moralidad, máxime en una sociedad plagada de corruptos. Las variantes aceptables son tan excepcionales, que no comento por respeto al espacio. En todo caso, la autoridad para autorizarlas es la Contraloría y ya dijo que no caben. Dar más dólares y aumentar los plazos, convenidos entre el Gobierno y Alterra, es sentar uno de los peores precedentes; es burlarse de otros que ajustaron sus ofertas a “las reglas del juego” y hasta de quienes no participaron por no convenirles. En enormes negocios, las empresas revisan con lupa hasta el último detalle. Y, cuando se trata de trasnacionales cuyo interés son los grandes negocios, “ni hablar”. Ahí nadie come cuento ni pasa sobre los grandes números. Contratan asesores de primer orden en legislación y finanzas. Y hasta “espulgan” las ofertas de los competidores para bajarles el piso y combatirlos si hallan debilidades económicas. Presiones injustificables. No venga Alterra y sus aliados, con tanto lloriqueo y presiones, a pretender que la gente decente de este país estime que “se equivocaron” a la hora de hacer sumas y restas tan sencillas. Después de 50 años de ver tantos negocios públicos, no recuerdo nada parecido, en cuanto a presiones, recursos, demandas, demoras, dubitación e inseguridad oficial y posposiciones, a lo que estoy viendo. La fortaleza jurídica y moral de tribunales de arbitraje y la Contraloría General de la República, han impedido una página más negra. Irrita seguir leyendo tanta manipulación, sin que se adopte una posición firme. El mayor prestigio del presente Gobierno ha estado en sus políticas sociales dirigidas a los sectores más necesitados y abandonados (Seguro Social, Vivienda, Educación) así como a infraestructura. Y también porque para mí es lo más importante, la transparencia y la ÉTICA mostrada frente a muchas cosas. Desde el primer día, el Gobierno rompió las cadenas de corrupción que venían operando, oficialmente, desde hacía 20 años. Y ha cortado de tajo, sin dilaciones y con energía, las que su propia gente quiso montar en el MEP, así como los nuevos rumbos en Migración y Seguridad Pública. El asombro que nos ha dejado todo lo que ha soltado la prensa, nos tiene anonadados y más de uno duda sobre la gravedad de las conductas de los “líderes”, y hasta esperan milagros judiciales que resuciten a los santos. ¡Dios nos libre de semejante frustración! No cierran los números. La altísima legitimación y respeto que se ha ganado el Gobierno en un año no puede ser empañada al aceptar modificaciones ilegales a un contrato que, además, tiene el pecado de haber nacido y ser ajustado en las administraciones más corruptas de nuestra historia. ¿Por qué razón no le cierran los números a la empresa? ¿Se pagaron honorarios o comisiones inconfesables como las conocidas en ICE-ALCATEL? No podemos ceder ante el chantaje –tan frecuente– del desprestigio internacional del país por “incumplimientos de contratos”. Este es un cuento muy viejo que debemos rechazar con todas nuestras fuerzas: lo corruptores nos han venido de fuera. Y menos aún, debemos mostrar debilidad, en momentos en que se discute el TLC, controversial en esta materia. Por favor y por honor, no quedemos como cobardes o pendejos. No exageremos ni nos vendamos, por “los problemas” de posponer la terminación del aeropuerto. El país tiene vías para salir adelante con lo que falta. Los negocios montados con el turismo son tan enormes que no se pararán porque recibamos a los turistas en ranchos de paja. No se expongan a que la Contraloría, en la que ahora confío, rechace cualquier intento de burlar la legislación. Sería un plato demasiado fuerte para los enemigos.
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