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Hora del apoyo Ángela Ávalos R. Como pocas veces se ha visto durante la historia de la Caja, las autoridades institucionales ejercieron el poder que les corresponde para intervenir con cirugía mayor a uno de los hospitales más importantes del país: el San Juan de Dios. Duélale a quien le duela –debe de haber más de uno con punzadas en el hígado y en la conciencia–, la medida la pedían a gritos desde los pasillos y salones de este hospital. ¿Cuánta gente habrá muerto o visto complicada su salud por la falta de autoridad reinante en el San Juan de Dios? Conozco, al menos, a cuatro médicos (un oncólogo, un urólogo, un cardiólogo y un cirujano) que sufrieron persecución constante por haber denunciado la negligencia con que las autoridades locales tomaban las extensas listas de espera de enfermos graves. Como periodista, también sé de varios colegas que sufrieron irrespetos durante la cobertura de las frecuentes crisis que allí se vivían. Todos padecimos bloqueo informativo. La libertad de información se vio golpeada, sobre todo por la dirección. El director suspendido, Manrique Soto Pacheco, nunca se enteró de su deber fundamental como empleado público: dar explicaciones sobre el manejo desastroso de ese hospital. Soto dejó decenas de facsímiles y mensajes sin contestar como si fuera esta cristiana la perjudicada con su silencio. El ahora exdirector nunca entendió que las explicaciones se las debía a los 3.000 funcionarios bajo su responsabilidad y a los centenares de enfermos que padecían el suplicio de poner un pie allí. Por eso, la intervención cae en un momento oportuno. La directiva de la Caja hizo valer su autoridad, sobre todo la gerente médica, a quien no le ha temblado el pulso. El juego del miedo rindió frutos en su momento para desgracia del San Juan de Dios. Ese mismo juego ya no tiene futuro. La gerente, Rosa Climent, se puso los pantalones como ningún otro funcionario lo hizo antes y recibió el respaldo valiente del presidente ejecutivo y la junta directiva. El compromiso para las autoridades de la Caja es ahora mayor pues ese hospital no puede dar marcha atrás. En adelante, esperamos buenas noticias en manos de un equipo interventor de calidad. Es hora del apoyo: que los sindicatos no vengan a amenazar con huelgas y que los jefes de servicio den el espaldarazo. Es hora de acabar allí y en todos los hospitales con los pequeños feudos creados por quienes se han creído, durante años, dueños de la seguridad social como si la plata saliera de sus bolsillos. Es un momento histórico que la Caja no puede desperdiciar, duélale a quien le duela.
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