 Gates salida a al-Bolani
(AFP)
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BAGDAD (AFP) -
El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, se reunió el sábado con el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, para alentarle a que haga más esfuerzos en favor de la reconciliación, en medio de ataques sectarios contra templos religiosos.
La reunión tuvo lugar tras un atentado con bomba contra una mezquita en la ciudad de Basora, de mayoría sunita, al parecer en represalia por el bombardeo de la mezquita y mausoleo chiita de Samarra el miércoles, supuestamente a manos de militantes de la red terrorista Al Qaida.
Antes del encuentro, Gates expresó frustración por el lento ritmo de los progresos del gobierno de Maliki -liderado por los chiitas- para conquistar a la descontenta antigua élite sunita para que se sume al proceso político.
"Francamente, estamos decepcionados con los progresos realizados hasta ahora y esperamos que los recientes ataques con bombas de Al Qaida no los retrasen o los interrumpan", declaró Gates el viernes al iniciar su segunda visita a Irak en dos meses.
Pero Maliki aseguró a Gates que estaba esforzándose en promover la reconciliación entre las comunidades en guerra en Irak.
"Estamos haciendo serios esfuerzos para reactivar las colaboraciones en el proceso político", dijo Maliki a Gates, según un comunicado de su despacho.
"Tenemos una oportunidad para cooperar y convertir el proceso de reconciliación nacional en un éxito", añadió.
Washington estima que el gobierno de Maliki debe usar el espacio político creado por el refuerzo de tropas estadounidenses para aprobar legislación clave que otorgue a los sunitas una mayor participación en el gobierno.
Esas normas incluyen leyes sobre la distribución equitativa de los ingresos procedentes del petróleo entre todas las comunidades y la eliminación de la prohibición para ex miembros del partido del ex presidente Saddam Hussein de acceder a puestos gubernamentales.
Gates es el tercer alto responsable estadounidense que viaja a Bagdad en una semana para presionar a Maliki en favor de la reconciliación entre chiitas, sunitas y kurdos.
El subsecretario de Estado John Negroponte, ex embajador en Bagdad, y el almirante William Fallon, comandante de las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio, llevaron mensajes similares en visitas separadas.
El mensaje se ha tornado incluso más urgente tras el bombardeo del mausoleo chiita de Al Askari en Samarra, al norte de Bagdad, el miércoles pasado.
En una señal de la tensión que suscitó el atentado de Samarra, el líder radical chiita Moqtada al Sadr llamó a sus simpatizantes a participar en una marcha de protesta hacia la ciudad predominantemente sunita el 5 de julio, indicó su oficina.
El despacho de Maliki informó el sábado que había firmado un acuerdo con la UNESCO para reconstruir el mausoleo de Samarra, una demanda de Sadr de larga data.
Gates dijo que aún era demasiado pronto para evaluar el impacto del reforzamiento de tropas estadounidenses develado en enero, pero destacó la mejor seguridad en algunas áreas.
"El impacto total del aumento de tropas recién está comenzando a sentirse", dijo. "En términos de la situación de seguridad, como digo, tenemos dos, tres meses aún (antes de poder evaluar los resultados). Hay algunas tendencias positivas, hay algunas tendencias negativas", afirmó.
Dijo que se habían logrado éxitos en reducir la violencia en la provincia de Anbar (oeste), aunque la seguridad se ha deteriorado en la provincia de Diyala.
El sábado, 11 personas murieron en Diyala, indicó una fuente de seguridad.
El embajador estadounidense Ryan Crocker y el comandante de las tropas estadounidenses en Irak, David Petraeus, deben informar a un escéptico Congreso en septiembre sobre el impacto de las cinco brigadas adicionales de tropas de combate.
Otros dos militares estadounidenses murieron en Irak, incluido el piloto de un caza F-16 que se estrelló el viernes, informó el sábado el ejército de Estados Unidos. Estas muertes elevan a 3.515 el saldo de militares estadounidenses fallecidos en Irak desde el inicio de la invasión en marzo de 2003.
El ejército dijo asimismo que encontró en un presunto escondite de Al Qaida las tarjetas de identificación de dos soldados estadounidenses que desaparecieron el mes pasado en Samarra.
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