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Cisjordanos ambivalentes ante victorias de Hamás Ramalá. AP. Los residentes de la margen occidental (Cisjordania) observan la caída de la franja de Gaza en manos de Hamás con una mezcla de temor y esperanza. Fue un golpe mortífero para las posibilidades de un Estado palestino, pero al mismo tiempo podría allanar el camino para que Cisjordania, que está en manos de Fatá, vuelva a recibir ayuda extranjera. La división refleja diferencias de vieja data entre los dos territorios, que se encuentran a ambos lados de Israel. Cisjordania cuenta con una clase media más numerosa y tiene más contacto con el mundo exterior. Sus residentes sienten que tienen poco en común con los de Gaza, a quienes ven como gente menos cosmopolita y con menos educación. “Presumo que habrá desarrollo económico aquí y pobreza allí en Gaza”, expresó Salah Haniyeh, un empleado público, mientras veía cómo milicianos enmascarados de Fatá recorrían las calles de Ramalá en camionetas. Basim Zubaidi, profesor de ciencias políticas de la Universidad cisjordana de Bir Zeit, opinó que las diferencias ideológicas entre los radicales de Hamás y los moderados de Fatá, el partido del presidente Mahmud Abas, han pasado a ser geográficas. Indicó que espera que ambos bandos consoliden su control de Gaza y Cisjordania respectivamente antes de negociar un acuerdo para compartir el poder. “Si esto no sucede, la crisis se prolongará y en Cisjordania tendremos autoridades que se abren al mundo mientras en Gaza habrá un gobierno islámico pobre, débil y asediado”, manifestó. Ahmed al-Aziz, un comerciante de 53 años, sostuvo que la gente de Gaza no tiene mucho que perder. “Aquí todo el mundo se preocupa por sus negocios y sus intereses. En Gaza son todos pobres, no hay trabajo”, declaró. Los residentes de Gaza y de Cisjordania no han podido viajar de un territorio al otro desde que Israel impuso severos controles al desplazamiento de personas tras el levantamiento palestino del año 2.000. La economía de todos los territorios palestinos se resintió desde que Hamás asumió el control del gobierno el año pasado tras ganar las elecciones parlamentarias en enero. La suspensión de la ayuda del exterior y la retención de los impuestos por parte de Israel hacen que a la Autoridad Palestina le cueste mucho pagar los sueldos de sus 165.000 empleados públicos. Esos sueldos dan de comer a un tercio de los palestinos. En Cisjordania viven dos millones de palestinos y 1,4 en Gaza. Los territorios palestinos han sobrevivido gracias a la ayuda internacional, que fue suspendida tras la llegada de Hamás al poder, porque es considerado un grupo terrorista. Él movimiento islamista se niega a reconocer la existencia del Estado de Israel. Mohammed Homayel, un contratista de 25 años, dice que no habrá un Estado palestino mientras Hamás y Fatá se sigan peleando entre sí. “No tiene sentido lo que está sucediendo ni en Gaza ni aquí”, señaló. “Nos están dividiendo en dos facciones, Fatá y Hamás, y en dos regiones, Gaza y Cisjordania. En lugar de crear un Estado, están creando dos entidades”.
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