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Enfoque


Jorge Vargas Cullell


El moderno Catón, ese ciudadano ejemplar, honrado, decente y hombre celoso de la virginidad de sus hijas, dice a voz en cuello: “No pago impuestos mientras el Estado no mejore sus servicios y acabe con la robadera”. Y luego Cascante, Montealegre, Jiménez, Varguitas, o como diablos se llame este Catón, da media vuelta, ufano, y pide otra cerveza.

¡Qué corronguera, el axioma del espejo en su máxima expresión! Ese axioma, muy popular en Costa Rica, estipula que uno nunca es responsable de nada, aunque evidentemente lo sea, pues la culpa es siempre de otro y, en particular, de quien descubre la falta que uno cometió. Así, aunque Catón es quien decide no pagar impuestos y su decisión es un incumplimiento cívico y un delito, si lo agarran por no pagarlos, la culpa es de quien lo pescó según el axioma del espejo. (Esta vivería deja a nuestro personaje con la panza llena y el corazón contento).

Debe haber muchos Catones en Guanacaste, por cierto. Aunque el auge inmobiliario ha movido centenares de millones de dólares y ha atraído a abogados, ingenieros, desarrolladores, inversionistas, decoradores de interiores y toneladas de sofisticados congel en el pelo, se recaudan muy pocos impuestos. Además, muchos ni siquiera pagan las cargas sociales. Me quejo: ¿Por qué convertir a Guanacaste en unFar West criollo? Porque puedo, me diría Catón, porque puedo…

Nuestro ciudadano ejemplar se torna en Júpiter tonante a la hora de pedirle al Estado que arregle calles, caminos y dé seguridad. No paga y encima exige; es un buchón razonable. Quiere que el Estado invierta en servicios públicos (con la plata de impuestos que recauda de otros) para así cobrar más por su propiedad: “Minga que pago impuestos: la plusvalía me la quedo yo”. Negocio redondo.

Cascante o Varguitas tienen derecho a exigir transparencia y eficacia en el uso de los impuestos. Ello está consagrado en los artículos 14 y 15 de la Declaración de los derechos del hombre de 1789 y en el artículo 11 de nuestra Constitución. Pero esta es otra historia. Nada le exime de su obligación de pagar impuestos. Para marcar al gobierno, Catón tiene derechos políticos; más aún, precisamente porque paga impuestos tiene derecho a exigirle que haga las cosas bien, como ocurre en países que no juegan con el tema fiscal.

Pongámonos serios con el territorio, un bien muy escaso en Costa Rica. Establezcamos rápido un catastro fiscal a toda madre, y a cobrar lo que se debe. No se valen las ganancias facilotas por hacer nada y a costa de todos. No necesitamos ninguna ley nueva para socar las tuercas.

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