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Invertir más en seguridad

No tener ejército nos obliga aún más, como país, a invertir en seguridad

Fernando Berrocal Soto
Ministro de Gobernación, Policía y Seguridad Pública

Los costarricenses creíamos equivocadamente que, por haber abolido el ejército, habíamos resuelto todos los problemas de seguridad ciudadana. Por décadas, después de esa sabia e histórica decisión, nos dedicamos a invertir en educación y en salud pública, y a construir una red de carreteras nacionales y caminos vecinales. En eso invertimos correctamente.

Costa Rica dejó de invertir en armas y en militares y optó por invertir en su gente, y así construimos, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, un país de clase media, educado, con altos índices de salud y desarrollo humano. Lo que no hicimos fue invertir ni un cinco en seguridad ni en la policía.

Dos realidades. De pronto, dos realidades nos despertaron de esa especie de idílica pax costarricense y nos confrontaron, sin estar preparados nacionalmente, con la certeza de una situación generalizada de inseguridad ciudadana.

Primero, la ola migratoria que nos convirtió, en 10 años, en el primer país receptor de extranjeros en el mundo: más de un 20% de los 4,5 millones de personas que habitamos en este país son inmigrantes. La asimilación e integración de esa variable humana, económica y social en la vida nacional ha tenido profundas consecuencias. Unas buenas y otras malas.

En segundo lugar, el narcotráfico. Hoy día, el 90% de la droga que sale de Colombia buscando los mercados del norte pasa por el corredor de Centroamérica, y el primer eslabón de esa cadena criminal es Costa Rica. Parte de esa droga se almacena y se distribuye en el país, envenenando a nuestra gente y generando desconocidas figuras de criminalidad organizada, sicariato y extrema violencia en la comisión de delitos.

Atrás, muy atrás, quedó la sociedad en la que todos nos reconocíamos unos a otros por el origen común de nuestras familias y el país en el que la criminalidad se reducía a un robo de gallinas o vacas y a un pleito a machete porque un campesino corría unos metros la cerca de su finca. El país casi se nos va de las manos en seguridad. Vivimos como en otra Costa Rica.

Cambios necesarios. La administración Arias optó por enfrentar estas realidades con firmeza y determinación en sus consecuencias y en sus causas. Como no se puede hacer chocolate sin cacao, un primer paso ha sido el consenso de todos los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa y el aumento en un 35% del presupuesto del Ministerio de Seguridad Pública. Ese mismo empeño se debe traducir en un trámite expedito y urgente de las reformas a la Ley de Migración. Esa legislación es urgente y necesaria.

El reportaje crítico del periodista Nicolás Aguilar (La Nación , 10/6/07) nos recuerda a todos la necesidad de invertir más en nuestras fronteras. Es necesario contar con más policías, más patrullas y más motos, como lo estamos haciendo, pero es indispensable también tener buenas delegaciones policiales y sistemas adecuados de comunicación. Lo uno es complemento de lo otro. Recuperar la seguridad en nuestras fronteras, en el norte y en el sur, es recuperar una parte esencial de nuestra soberanía. Esa es la razón de ser de la recientemente refundada Policía de Fronteras.

La abolición del ejército es una de las glorias de nuestra historia. Pero no tener ejército nos obliga aún más, como país, a invertir más y correctamente en seguridad y a contar con una excelente Fuerza Pública. Una Policía civil y democrática, como la queremos los costarricenses, eficiente y profesional, capaz de hacer valer nuestra integridad territorial y nuestra soberanía, hacerse cargo de la seguridad ciudadana, luchar en forma decidida contra la criminalidad y defender el Estado de Derecho. Eso es lo que estamos tratando de hacer todos los días y con ganas.

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