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No desfallece la esperanza Se trata de hombres radicalmente libres, capaces de escuchar una voz interiorLucrecia Rodríguez de Schoenfeld El órgano informativoFides del dicasterio misionero informa, como cada año, del número de sacerdotes fallecidos en forma violenta o sacrificando su vida conscientes del riesgo que corren, sin abandonar su compromiso de testimonio y apostolado. En el 2006 murieron 18 sacerdotes en Turquía, Islas Molucas, India, Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, El Salvador, y nueve solo en África. Ahora asesinaron en Mosul, Iraq (y junto con él a tres subdiáconos), al sacerdote caldeo Ragheed Aziz Ganni, de 35 años. El padre Ganni había estudiado en la Universidad Pontificia Angelicum de Roma por 7 años y regresó después a su país, donde últimamente había recibido repetidas amenazas. Inspirador sacrificio. El papa Benedicto XVI ha expresado su dolor en el siguiente mensaje: “Que este sacrificio inspire en los corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad la decisión renovada de rechazar todos los caminos del odio y la violencia, para vencer el mal con el bien y cooperar en el despuntar del alba de la reconciliación, la justicia y la paz en Iraq”. Del padre Andrea Santoro, asesinado en Trebisonda, Turquía (febrero del 2006), mientras estaba en oración, son las siguientes palabras: “Estoy aquí para vivir entre esta gente y permitir que Jesús lo haga prestándole mi carne…Solo somos capaces de salvación ofreciendo la propia carne. Hay que cargar con el mal del mundo y compartir el dolor, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como hizo Jesús”. Vidas ejemplares. Los medios de comunicación, por lo general, nos informan de lo negativo y oscuro en la vida de unos pocos sacerdotes. Es por eso que he querido dar a conocer lo anterior: vidas de tantos sacerdotes que han sido truncadas en su desvelo diario, evangelizando a tiempo y a destiempo, en lugares y condiciones muchas veces inhóspitas, en países donde son perseguidos. Y, como ellos, hay miles en cada rincón del mundo, hombres radicalmente libres, capaces de escuchar una voz interior entre el tumulto de voces confusas con que nuestra época nos aturde, hombres dispuestos a renunciar a formas de vida mucho menos exigentes a cambio de una felicidad difícil y puesta a prueba cada día. En palabras dichas por un periodista español: “El día en que los sacerdotes dejaran de existir, el mundo se apagaría y habría perdido la esperanza”.
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