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Opinin Randall Corella rcorella@nacion.com Periodista El martes pasado, los jugadores de la Asociación Deportiva Carmelita comenzaron su pretemporada y al llegar a las oficinas del club se encontraron con una sorpresa. No era un estadio nuevo, uniformes ultramodernos ni un aumento de sueldo, más bien era una de esas malas sorpresas que abollan el espíritu. Algún simpático aficionado al futbol se dio gusto con un bote de pintura blanca y “adornó” la fachada verdiroja del modesto equipo alajuelense. Toda la pared principal quedó marcada con frases que lo único que tenían de blancas y puritanas era el color. En ellas mandaban al club de la barriada a Segunda División y lo deshonraban con palabras pasadas de tono. Para cerrar la “obra”, el artista clandestino lanzó vivas a uno de los llamados equipos “grandes” del fubol nacional. Y es que son precisamente las llamadas “barras bravas” de esos clubes quienes han tapizado con sus letras extrañas innumerables rincones del país. Muros, puertas, anuncios, buses e iglesias; paredes, ventanas, postes y hasta monumentos históricos, han dejado sus funciones comunes para convertirse en un campo de batalla. El spray ha llegado a todos ellos para proclamar el amor enfermizo por su club y el desprecio absoluto por los seguidores de la barra rival. Poco a poco, la sociedad costarricense parece haberse ido acostumbrando a este vandalismo solapado, pero hechos como el de la sede carmela sobrepasan los límites de la tolerancia. Cierto que Carmelita no ha sido el único. Las paredes de los estadios Ricardo Saprissa y Alejandro Morera Soto han recibido varias manitas de pintura para cubrir múltiples grafittis. Pero esa es su “guerra”, ¿por qué enredar en ella a un club como Carmelita? El acto de estos aficionados contra la sede verdolaga raya en la injusticia. Es una clara ofensa a un club modesto y esforzado, a un grupo de dirigentes encabezados por Carlos Cañón González que, trabajando con las uñas, se ha convertido en todo un ejemplo para el futbol nacional. Como lo han hecho antes empresarios, dirigentes comunales y particulares, ahora será la junta directiva carmela la que deberá sacar dinero de sus limitadas arcas para comprar pintura y borrar las marcas del fanatismo. Sin duda ellos, como muchos otros, pensarán a cada brochazo si de verdad nuestro futbol da para tanto.
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