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Más allá del TLC Cuba y Venezuela quieren quebrar la prestigiosa y ejemplar democracia costarricenseEnrique Vargas Soto Abogado Estamos obligados a ver más allá del TLC, porque el Che Guevara murió en Bolivia y quiere echar raíces en Costa Rica. Cambió de acento y de lenguaje y reemplazó los fusiles por petrodólares. Todo su discurso se resume en dos palabras: “democracia popular”. Cuba está feliz. Con disimulo, su prédica aquí, de corte nacionalista fraudulento, ha logrado enrolar a dos costarricenses muy conocidos: uno expresidente de la República y el otro con una fuerza política de 17 diputados en la Asamblea Legislativa, más 2 que siempre se les unen. A Rodrigo Carazo le guardo afecto y aprecio, y de Ottón Solís espero más prudencia, paciencia y serenidad. Los dos son reconocidos demócratas. Pero si el movimiento del colectivismo marxista cobrara fisonomía propia, a estos dos demócratas, valiosos para ellos tan solo por la ocasión de combatir el TLC, el Che venezolano ordenaría separarlos inmediatamente, como ya hizo con su vicepresidente Rangel, porque osó criticarle su afán de perpetuarse en el poder. La consigna de Cuba y Venezuela es quebrar la prestigiosa y ejemplar democracia costarricense y el Estado de derecho que la sustenta, instaurar la lucha de clases y unir nuestra pequeña república al sueño bolivariano –perdón, castrista– interrumpido por la muerte del Che Guevara. Téngase en cuenta que Venezuela hizo un “llamado a movilizaciones de solidaridad en la lucha costarricense contra el TLC”. En cambio, en Nicaragua no lo combatió para que Ortega ganara las elecciones. Porque el Tratado sí le sirve a Nicaragua. Como puede apreciarse, se trata de una consigna violatoria de nuestra soberanía democrática. El 7 de octubre le daremos respuesta.
Pobrísimo esquema. En algunos opositores predomina una idea muy simple: odio al capitalismo y ver el marxismo como un anticapitalismo (Frank J.Sheed ). De este pobrísimo esquema mental no salen y cierran todo camino al diálogo, al entendimiento y a las correcciones éticas que sea necesario introducir para mejorar los desequilibrios del capitalismo, dentro del cual viven y usufructúan. Crean así una plaza de contrincantes, una discusión agresiva e intolerante entre hermanos opositores y defensores del Tratado. Aquellos dos estimables demócratas están en su derecho de oponerse, pero cada vez los vinculan más y más los defensores criollos del socialismo marxista, y los expulsarán cuando la situación así lo indique y lo ordenen del Sur o del Caribe. Esta “moral” política me recuerda una frase del historiador austríaco Friederich Heer, contenida en su libro La democracia en el mundo moderno : “Los comunistas reclaman para sí los mismos derechos que niegan a sus adversarios”. El votante del referendo tiene que saber que su voto va más allá del TLC, y que si ganara el “no”, al día siguiente entraría a funcionar en el país una fuerza política de corte marxista, y comenzaría a declinar la paz social reinante. Esa repudiable intromisión de Cuba y Venezuela merece el más duro golpe del costarricense, el rechazo más rotundo, la repulsa más absoluta. En cuanto al TLC, si al presidente de la República lo animan buenas intenciones, ¿por qué no aprobarlo? Y como así se percibe, el entendimiento práctico así lo aconseja. Pero votar es un servicio fiel a la patria, no al Presidente, y debe ser un acto libre, sin abstencionismos ni temores. Realidad nacional. Aparte de la aprobación, me preocupan, como a muchos ciudadanos, otros temas de la realidad nacional, como centrar la vida en la verdad, el bien y el amor a la justicia; la construcción de un país mejor (salud, vivienda, educación, cultura, infraestructura, tratamiento de las aguas); la unión de voluntades para la consecución del bien común; más acciones concretas a favor de la “opción preferencial por los pobres”; una “moral dinámica” que propicie el crecimiento personal; el cultivo de la libertad responsable; terminar con la paralizante tramitología estatal; valorar más lo espiritual sobre lo material; pensar más en la muerte y en la rendición de cuentas final; el regreso a las fuentes de los valores humanos y cristianos que han logrado hacer de Costa Rica un país de libertades, de fraternidad humana, de tolerancia y de paz social. El 7 de octubre, fecha de la votación del referendo, será un día para votar en paz y en libertad, mirando más allá del TLC. Y no habrá fraude, como pregonan perversamente Cuba y Venezuela. En Cuba sí hay fraude, como gritan las paredes de sus cárceles. ¡Pobre gente, pobres hermanos! Aquí somos libres y amamos la libertad.
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