|
|
|||||
|
|
Reencuentro con Fray Luis Costa Rica no tiene culpa de cargar su cuota de injuriadores y envidiososOrlando Núñez Pérez Periodista Camino arriba, pasando por La Fortuna, dejando atrás Tabacón y bordeando el precioso Lago Arenal, llegamos al Hotel Los Héroes en la Pequeña Helvecia, como gustan sus fundadores llamar al lugar. Hotel, cabañas confortables, lechería, espléndido mirador, divertido recorrido en un pequeño tren: sitio verdaderamente paradisíaco, adonde Dios echó su bendición. La naturaleza, con sus galas, da gracias al Creador y desde una verde colina, una hermosa capilla de admirables frescos bíblicos, canta los cuartos, las medias y las horas con el dulce sonido de su carrillón. El lugar se llama “Los Héroes” porque en el frontispicio del hotel se recogen a todo color dos acciones heroicas y sus personajes: el suizo Arnold Von Winkelreid y el tico Juan Santamaría. Ansiada paz. Allí, en buena compañía, gozamos del paisaje, el gorjeo de los pájaros, la vista maravillosa del lago Arenal, las noches serenas, la lluvia benéfica, pero, más que todo, de la paz… esa ansiada y escurridiza paz. Por el camino fuimos dejando los harapos de la vida miserable y los intentos de los calumniadores de oficio, y sus cómplices, los publicistas de la injuria, que han intentado mordernos los talones, llevando su saña hasta otros miembros de mi apellido y, ¡oh Señor de mis gratitudes!, me encontré con Fray Luis de León y, releyéndolo, hallé las respuestas necesarias. ¿A qué lidiar con la vileza en foros de mendaces y arrebañada legión de mentecatos? Decía Martí en medio de un vendaval de calumnias: “Si mi vida no me defiende mal, pueden hacerlo mis palabras”. Cuenta Armando Vargas Araya, en su libro El doctor Zambrana, que el ilustre filósofo y jurista se vio envuelto en estúpidas acusaciones, junto a otros colegas, cuando ejercía funciones de magistrado de la Sala de Casación. Fue tal su decepción que, no solo renunció a su cargo, sino que abandonó Costa Rica, pese a las reiteradas muestras de cariño público. Yo, modestamente, no haría tal cosa. Costa Rica no tiene la culpa de cargar su cuota de injuriadores y envidiosos de toda raza y pelaje, algunos importados en mala hora. Amo este país y, salvo mis ocasionales salidas al exterior para gozar de mi dispersa familia de exiliados, aquí viviré y tal vez moriré. Recomiendo a los míos que repasen las páginas de Fray Luis: él les dará paz y los curará de las heridas de la zarpa injuriosa y calumniadora. ¿Recuerdan?: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido”…, y eso otro: “Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado…”, y más aún: “…y con pobre mesa y casa/con solo Dios se acompasa/ni envidiado ni envidioso”.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |