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/LA NACIÓN
Buenos Días

A entender por señas


Armando González
agonzalez@nacion.com


El establecimiento de relaciones diplomáticas con China es un hecho consolidado, pero el método aplicado a la ruptura con Taiwán no merece la misma permanencia.

La Cancillería fue mucho más allá del margen de discreción concedido a la diplomacia para caer en el secretismo y el engaño. Una y otra vez, el Gobierno negó la posibilidad de ruptura con Taiwán a sabiendas de que era inminente. Incluso, hubo desmentidos o declaraciones deliberadamente equívocas durante la semana en que las relaciones establecidas con China se mantuvieron en secreto.

Ahora, el canciller Bruno Stagno afirma que debimos interpretar las “señales” y, si no lo hicimos, no podemos responsabilizarlo de nuestra ceguera. Las “señales”, dice Stagno, fueron clarísimas: Un par de reuniones con altos funcionarios de China, algún voto contra los intereses de Taiwán y su abstención de viajar a la isla. Después de emitir cada una de esas “señales”, la Cancillería negó el alejamiento de Taiwán, pero los medios de comunicación debimos entender lo contrario.

No se ofenda la Cancillería en el futuro cuando los periodistas duden de sus palabras para escudriñar “señales” reveladoras de las verdaderas intenciones. La lección queda aprendida y es el propio Ministro quien fija los límites a la credibilidad de la Casa Amarilla.

Según el Canciller, lo que realmente interesa al pueblo de Costa Rica es el resultado, no el proceso. No puede estar más equivocado. En una democracia el proceso interesa al menos tanto como el resultado. La principal premisa del gobierno democrático es que el pueblo, mediante su participación en el proceso, puede afectar el resultado.

En situaciones excepcionales, la democracia permite mantener discreción sobre los procesos, pero siempre reserva a la opinión pública el derecho de analizarlos a posteriori.

En este caso, nadie ha dado razones valederas para que la ruptura con Taiwán se hiciera sin preocupación alguna por la franqueza, la cortesía, la verdad y la transparencia.

El Canciller es poco convincente cuando dice que todo eso era necesario para impedir el naufragio de sus negociaciones con China. En todo caso, esas son palabras y no sabemos si existe alguna “señal” inadvertida. Por lo pronto, al país debe importarle el proceso, aunque sea para enviar al mundo una señal de vergüenza.

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