 Los Sin Tierra tomaron Brasilia
(AFP)
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BRASILIA (AFP) -
Casi 20.000 sin tierra se instalaron el lunes en Brasilia para celebrar un Congreso que reclamará más recursos para sus asentamientos y campamentos y denunciará el respaldo creciente del gobierno a proyectos que a sus ojos sólo benefician a latifundistas y a sectores exportadores.
El conclave del Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST), principal grupo de presión por la reforma agraria, se prolongará hasta el viernes, y prevé realizar el jueves una marcha que pase frente a la embajada de Estados Unidos y llegue hasta el Congreso nacional.
El MST desplazó a la capital a unos 17.500 delegados, acompañados por unos 1.500 niños, procedentes de 24 de los 27 estados brasileños.
En autobuses polvorientos y cansados después de viajes de por lo menos de 15 horas, la mayoría había llegado a la capital al mediodía del lunes, y desplegaba colchonetas o plantaba tiendas bajo enormes cobertizos de lona, en las inmediaciones del estadio Nilson Nelson.
Equipos médicos, de seguridad, de infraestructura, de prensa; 250 cocinas, 350 duchas, 200 sanitarios; espacios para niños, para actividades culturales: nada faltaba para que el V Congreso le recuerde a la sociedad brasileña, y sobre todo al presidente Luiz Inacio Lula da Silva, su antiguo aliado, que el MST sigue siendo una fuerza política y social de peso.
Algo que Lula pareció ignorar al defender este lunes, en su programa radial, uno de los proyectos que más rechazo genera en el MST: el desvío de una parte de las aguas del río San Francisco hacia el árido nordeste, de donde es oriundo el ex sindicalista de izquierda.
Según el mandatario, la obra "beneficiará a 12,5 millones de nordestinos".
Pero Marina dos Santos, una de las coordinadoras nacionales del MST, asegura que esa inversión beneficiará sobre todo a "los camaroneros que producen para la exportación", incentivará "la privatización de las tierras y las aguas" y será "pagada por las poblaciones locales".
El MST también denuncia la presencia masiva de multinacionales en las plantaciones de caña de azúcar que fabrican etanol, el combustible verde que Lula presenta como solución a los desafíos energéticos y climáticos del planeta.
Por eso, combina los reclamos por la tierra a las consignas de defensa de la "soberanía" nacional.
"Estamos aquí porque queremos más financiación para nuestro asentamiento", dice Natalicio José Firmo, de 60 años, del asentamiento Genivaldo Mora, en Alagoas (nordeste), quien no se resigna a pensar que Lula esté faltando a sus promesas.
"Todos nosotros lo votamos (Lula fue reelecto en 2006) y él nos manda recursos, pero alguien sin duda los desvía", explica.
Tercio Marques, de 66 años, vive desde hace seis junto a su mujer en campamentos del MST al borde de carreteras de Mato Grosso do Sul (centro oeste), pero ya vislumbra el fin de esa precariedad. "Un terrateniente quiso vender su tierra, y estamos por crear allí un nuevo asentamiento", dice Marques, esperanzado en reunirse con sus hijas de 13 y 14 años alojadas por familiares en la ciudad.
Cuando se crean los asentamientos, el MST sigue prestando ayuda técnica y educativa, y mantiene así una base fidelizada.
"La lucha no para hasta que uno muere. Los que ya recibimos tierras seguimos ayudando a los acampados", dice Augusto José de Silva, de 73 años, del asentamiento de Alagoas.
En sus tres décadas de lucha, el MST ya consiguió la instalación de 350.000 familias, y mantiene a unas 140.000 en los campamentos; todo eso le da una base estimada de cerca de dos millones de personas, según sus propios cómputos.
Según cifras del gobierno, el MST lideró 90 de las 256 ocupaciones de haciendas llevadas a cabo entre enero y noviembre de 2006 para presionar por la reforma agraria.
El segundo movimiento más activo es el MLST (una disidencia del MST), que el año pasado se dio a conocer protagonizando una violenta invasión de la sede del Congreso brasileño.
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