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Foto Principal: 1623151
El puesto policial de Boca de Sarapiquí, donde laboran solo dos policías, no cuenta con lancha para patrullar la zona. Tampoco vehículos para visitar los pueblos cercanos.

Oficiales destacados cerca del San Juan ni siquiera tienen lanchas

Policía vigila ‘de mentirillas’ la frontera con Nicaragua

Agentes ven pasar botes con ilegales, pero su única opción es hacer el reporte
Trabajo de “Policía de Frontera” se limita a hacer presencia en puestos de vigilancia

Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

Frontera norte, margen río San Juan. El puesto de la Fuerza Pública está estratégicamente ubicado en la desembocadura del río Sarapiquí, a pocos metros del río San Juan, para resguardar la frontera natural con Nicaragua.

A simple vista todo parece normal: dos policías armados con fusiles M-16 al hombro se dejan ver junto al río en actitud vigilante.

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  • Pero las apariencias engañan y, este, es uno de esos casos.

    Los oficiales, quienes permanecen aquí 15 días, lejos de sus familias, con las cuales ni siquiera tienen contacto telefónico, carecen de lancha o al menos una panga y remos, para patrullar.

    Eso les impide interceptar, mucho menos perseguir, cualquier lancha extraña que intente ingresar desde Nicaragua con indocumentados o una carga de dudosa procedencia.

    “Casi siempre (los botes) se reportan al puesto pero a veces pasan de lejos y nada podemos hacer. Esos casos los reportamos por radio a los superiores en Puerto Viejo, Sarapiquí”, dice el oficial Santiago Díaz Mora, de 38 años, oriundo de Puriscal, San José.

    Aunque hay persistentes reportes acerca de indocumentados que ingresan por distintos puntos de La Trinidad de Sarapiquí –junto al San Juan– los miembros de la llamada “Policía de Frontera” no cuentan con herramientas para evitarlo.

    Esto, porque tendrían que caminar de dos a tres horas por sectores montañosos de difícil acceso, a los que solo se podría llegar fácilmente a caballo, recurso del que también carecen.

    Esa situación se repite a lo largo de la frontera con Nicaragua, donde los policías hacen “acto de presencia”, en instalaciones casi siempre destartaladas.

    Ninguno cuenta con embarcaciones ni caballos, mucho menos vehículos, lo que impide dar vigilancia a los pueblos cercanos.

    Algunas delegaciones, como la de Boca de San Carlos, están en pésimas condiciones y, cuando llueve, los oficiales deben ingeniárselas para no mojarse pues “hay goteras por todas partes”.

    Tampoco hay lanchas en los puestos de Tortuguero, en la Barra del Colorado, entre otros puntos.

    Hay mística sí, pero pocos recursos. En la desembocadura del Sarapiquí la delegación no tiene agua potable, lo que obliga a los policías a recoger “agua llovida” en un estañón metálico para “cocinar y otras necesidades fundamentales”.

    A sacar la tarea. Pese a las limitaciones, Díaz y su compañero de labores, Víctor Salazar Arce, de 43 años, no se quejan y procuran cumplir con su misión lo mejor posible.

    Durante 15 días deben turnarse para no descuidar el puesto durante las noches, aunque, como dicen, “casi nunca pasa nada”.

    “Yo amo este trabajo porque le sirvo a mi país”, exclama Salazar, con más de 18 años de servicio policial, antes de salir corriendo para revisar una cuerda que arrojó horas antes al Sarapiquí.

    Su esperanza es sacar una machaca, un guapote o, al menos, un escuálido barbudo para “redondearme el almuerzo”.

    Los alimentos que reciben para subsistir esas dos semanas lejos de sus hogares se limita a tres bolsas de arroz, dos de frijoles, dos de café y algunas verduras.

    No cuentan con refrigeradora y por eso colocan los alimentos en un estante de madera, del cual frecuentemente deben espantar moscas y cucarachas.

    “A veces nos prestan un bote para ir al pueblo y comprar algunas cosas”, relata Díaz, quien dice sobrellevar bien su trabajo porque “después nos dan 15 días libres y los aprovecho para estar en familia”.

    Reestructuración. “La Policía de Fronteras fue una de las más abandonadas de los últimos dos gobiernos. Estamos frente a un proceso de reestructuración”, afirma su director, José Fabio Pizarro, nombrado hace dos meses.

    Aunque reconoce que existen limitaciones, gestiona recursos ante instituciones en busca de lanchas y motores fuera de borda.

    Esas embarcaciones serán asignadas en puestos del Sarapiquí, Barra del Colorado y Boca de San Carlos, entre otros. Pizarro asegura que “en este poco tiempo la Policía de Frontera ha reforzado la seguridad en zonas fronterizas hasta ahora abandonadas y hay satisfacción entre las comunidades”.

    Anunció el envío de ocho vehículos rurales y dos camiones a los puestos fronterizos norte y sur. “Tendremos más personal y más recursos”, dijo.

    Testimonio

    “Los turistas ya no vienen”

    Nombre: Juan Reyes

    Edad: 32 años

    Calidades: Finquero

    “Los turistas no volvieron porque les cobran del lado nicaragüense para visitar poblados de nuestro país, lo que no es justo. Esto nos está matando. Los policías ticos no patrullan la zona y no pueden hacer nada”.

    “Es como vivir en otro país”

    Nombre: Pablo Hernández

    Edad: 44 años

    Calidades: Botero

    “Los ticos están a la buena de Dios. Hay pueblos a los que la Policía no puede llegar por falta de botes y eso no puede ser”.

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