 Soldados colombianos en zona de las FARC
(AFP)
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BOGOTA (AFP) -
El presidente colombiano Alvaro Uribe regresó desde Estados Unidos a Bogotá, tras una crucial semana en la que se jugó sus cartas en dos temas fundamentales: el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y la liberación de 56 secuestrados en poder de las FARC.
Pero sus esfuerzos parecen no haber dado frutos porque los demócratas siguen rechazando la firma del TLC, y las FARC aún no responden al gesto unilateral de excarcelar a más de 150 rebeldes para presionar la liberación de los rehenes.
A su llegada a Bogotá, el sábado, Uribe apenas podía mostrar en su cartera el respaldo que le entregaron esta semana en Alemania los líderes del G8, quienes calificaron de "gesto valiente" la liberación de los guerrilleros.
A su vez, los mandatarios de las potencias pidieron a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que "reflexionen sobre las medidas urgentes que contribuyan a una solución humanitaria que conduzca a la liberación de los rehenes".
Uribe había iniciado la semana anunciando que unos 170 guerrilleros estaban listos para ser indultados, tras ser sacados de las cárceles en las que se encontraban.
Además, informó al país que había decidido excarcelar a Rodrigo Granda, el llamado canciller de las FARC, a petición del presidente francés Nicolás Sarkozy, y para facilitar un posible diálogo con el grupo rebelde.
A pesar de ello las FARC reiteraron en un comunicado que la liberación de los rebeldes era una cortina de humo para tapar el escándalo propiciado por los vínculos de congresistas y políticos oficialistas con paramilitares, e impulsar una propuesta para dejarlos en libertad a cambio de su confesión.
La ex candidata colombo-francesa Ingrid Betancourt, tres estadounidenses, y varias decenas de políticos, militares y policías, se encuentran entre los rehenes de las FARC que se busca sean liberados.
La excarcelación unilateral de guerrilleros causó controversia aún dentro de las mismas huestes oficialistas, y destacados aliados de Uribe como el senador Germán Vargas, cuestionaron duramente la decisión de liberarlos sin ninguna contraprestación.
Con ese marco el mandatario viajó a Washington para tratar de convencer a los demócratas de aprobar el TLC suscrito con el gobierno de George Bush en 2006, pero allí se encontró con un férreo muro de líderes congresionales opuestos al tratado.
Incluso, el ex líder sindicalista y ahora gobernador del departamento de Valle, Angelino Garzón, quien acompañó a Uribe, aseguró que "hubo reuniones humillantes", refiriéndose a las citas con los congresistas Charles Rangel y Sandy Levin.
Según testigos de los encuentros, los voceros demócratas pidieron a Uribe resultados más concretos en materia de seguridad para los sindicalistas y claridad en cuanto a los posibles nexos con grupos paramilitares.
El representante James McGovern sentenció por su parte que "si tres veces viene Uribe, le diremos: derechos humanos, derechos humanos, derechos humanos".
Al término de su visita que lo llevó también a Washington, Uribe dijo que volverá a Estados Unidos el 21 de julio y advirtió que "a uno apenas lo empiezan a escuchar cuando se está cansando y yo no me voy a cansar".
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