 Presidente de Colombia Alvaro Uribe
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WASHINGTON (AFP) -
El presidente colombiano, Alvaro Uribe, culminó este viernes su segunda visita a Washington en un mes, sin convencer a los demócratas, que reforzaron sus críticas contra los asesinatos de sindicalistas y los paramilitares, alejando la posibilidad de la aprobación del TLC.
"Ahí lo vamos consiguiendo poco a poco, pero se necesita opinión pública", dijo el presidente a la prensa, al ser consultado sobre los resultados de su visita de dos días a Washington para tratar de convencer a los demócratas, que controlan el Congreso, de aprobar el TLC y extender el Plan Colombia.
Uribe hasta reconoció que su país debía dejar de hacer campaña solamente en el Congreso y tratar de mejorar su imagen en Estados Unidos: "Me da la impresión que el Congreso de Estados Unidos quiere que se pronuncie la opinión", admitió, tras un intenso cabildeo.
"Hay que buscar que la opinión pública norteamericana perciba el mejoramiento que se ve en Colombia. No estamos en un paraíso, pero hemos mejorado sustancialmente", añadió el presidente, el mayor aliado latinoamericano del presidente republicano George W. Bush.
"Es muy importante que la opinión pública norteamericana sepa que antes de nuestro gobierno asesinaban 35.000 personas al año, que todavía es alto, pero que el año pasado fueron 17.000", explicó Uribe.
Desde que inició su agenda el jueves en el Congreso, el presidente ha sido sometido a severas críticas de legisladores, sindicalistas y organizaciones de defensa de los derechos humanos.
La última en fecha: la carta escrita por siete senadores demócratas, entre ellos el candidato presidencial Barak Obama, a la secretaria de Estado Condoleezza Rice, para denunciar los vínculos entre los paramilitares y altos funcionarios, según publicó el diario El Tiempo.
Esa carta reflejó la férrea oposición de los demócratas al TLC con Colombia y la imposibilidad de una pronta aprobación, en la misma línea que otros legisladores como la representante Jan Schakowsky: "Vuelva usted dentro de un año, señor Uribe", le espetó la víspera en rueda de prensa.
El influyente presidente del Comité de Medios y Arbitrios, Charles Rangel dejó claro tras reunirse con Uribe que "los problemas todavía no han sido resueltos", en alusión a la exigencia demócrata de que Colombia supere primero los asuntos de asesinatos de sindicalistas.
En medio de las dificultades con los demócratas, Uribe recibió el apoyo lejano del G8, que calificó de "valiente" su decisión de liberar a 150 miembros de las FARC y a su llamado canciller Rodrigo Granda, en un comunicado difundido al concluir su reunión en Heiligendamm (noreste de Alemania).
"Yo creo que el G8 ha comprendido la dimensión de nuestro gesto humanitario", declaró Uribe.
"Lo hicimos como una muestra de una vocación humanitaria, como una muestra adicional de que nuestra política de seguridad para derrotar el terrorismo es una política que merece toda las respetabilidad que ha ganado porque es una política democrática, firme y humanitaria", dijo.
Desde la lejana Alemania, su aliado Bush lo llamó por teléfono para manifestarle su preocupación por los tres rehenes norteamericanos en manos de las FARC.
Después de Washington, Uribe viajó a Nueva York, donde debe entregar un premio al ex presidente demócrata Bill Clinton.
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