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LA
HABANA (AFP) -
Mientras advierte que su salud puede jugarle otra mala pasada, el convaleciente Fidel Castro desarrolló una hiperactividad en los últimos siete días: del sillón diplomático a las cámaras y la pluma, pero sin acercarse al Palacio de la Revolución de La Habana.
"Lo he visto muy recuperado, retorno muy satisfecho", dijo el presidente Evo Morales el jueves, tras entrevistarse por casi tres horas con Castro en una visita relámpago de poco más de ocho horas a Cuba.
No fue al parecer una visita a un enfermo, pues se habló "sobre energía, sobre desarrollo económico de los países, sobre el tema de salud, de educación, sobre todo. Resumiendo, pensando en la humanidad, en medio ambiente", contó Morales.
Poco antes de recibirlo, Castro había puesto punto final a un nuevo editorial de prensa a las 16H45 (20H45GMT), el número 15 desde el 29 abril, en que fustigó al mandatario estadounidense George W. Bush, por decir que compartía los mismos valores que el papa Benedicto XVI.
"Bush se pasó de rosca cuando hizo una declaración" en la que aseguró que 'comparte los valores del respeto por la vida, la dignidad del hombre y la libertad" del Papa, dice Castro en su artículo que la prensa cubana publica esta fecha.
Castro afirma que "no me gusta la idea de parecer una persona vengativa y deseosa de acosar a un adversario", pues en la mayoría de sus notas de prensa -publicadas bajo el cintillo "Reflexiones del Comandante en Jefe"-- ataca a Bush.
El ciclo hiperactivo comenzó el viernes pasado, cuando apareció el anuncio de la visita del secretario general del Partido Comunista de Vietnam, Nong Duc Manh, quien llegó a Cuba "invitado por el Comandante en Jefe Fidel Castro", según el anuncio oficial.
En el "emotivo y fraternal" encuentro Castro y Manh conversaron por casi dos horas el sábado "sobre asuntos de interés mutuo y especialmente sobre América Latina y el Caribe", indicó un comunicado.
Un corto video y cuatro fotos difundidas mostraron a un Castro más recuperado, con más peso corporal, vestido con un traje de entrenamiento deportivo, lo acostumbrado desde hace 10 meses, en la convalecencia que comenzó tras varias cirugías intestinales y ceder el mando provisionalmente a su hermano Raúl.
Pero el martes, buena parte de Cuba y de Miami, Estados Unidos, estaba frente a sus televisores para ver una conversación de Castro con el conductor del programa Mesa Redonda, creado por el propio mandatario en 1999, cuando la saga del niño balsero Elián González.
Un Castro de hablar pausado, pero coherente, con sentido del humor y mejor dicción, anunció el inicio de una serie de programas similares que denominó en broma "mesitas redondas", en las cuales tocará temas que no caben en el reducido espacio que la prensa le deja para sus "Reflexiones".
Fue en esa conversación de 52 minutos que Castro, quien cumplirá 81 años en agosto, cortó cualquier expectativa triunfalista sobre su salud.
"Siempre hay amenazas a la salud del ser humano, y los años de por sí, hay peligros que acechan. No quiero decepciones", sentenció.
Indirectamente, Castro negó la posibilidad de retornar a su despacho del Palacio de la Revolución, sede el Comité Central del Partido Comunista y los Consejos de Estado y Gobierno.
"Sólo les digo a mis compatriotas lo que les dije ya (...), que estoy haciendo lo que ahora debo hacer y más nada, no hay ningún secreto, más claro no se puede hablar", dijo.
Con su discreción habitual, el presidente provisional, Raúl Castro, sostuvo conversaciones oficiales con Morales y Manh, inauguró dos nuevos generadores eléctricos y pasó revista al estado del país frente a la temporada ciclónica, en el mismo lapso.
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