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/ LA NACIÓN

El lector


Víctor J. Flury
marlowe@racsa.co.cr
Escritor

Las grandes librerías están hoy a favor de los pequeños libros y, al decir “pequeños”, me refiero a libros que patinan sobre la epidermis y no remueven la sangre de quien lee.

Por eso, la irrupción deEl lector , novela de Bernhard Schlink, constituye –creo yo– un acontecimiento, dado que rompe el modelo dominante del menor esfuerzo.

Schlink (alemán, 54 años) cuenta la historia de amor de un muchacho de 15, Michael, y Hanna de 36; de cómo él queda marcado a fuego por ese romance bautismal e indefinible y de cómo dicha relación, trunca inexplicadamente, vuelve a un primer plano siete años después cuando Michael –estudiante de Derecho– asiste a un juicio penal contra varias exguardianas de las SS.

Tensión moral. En efecto, ahí Michael identifica, entre las acusadas de la muerte de 200 prisioneras de un campo de concentración vecino a Cracovia, a su amante perdida, Hanna, y el libro gira en espiral de ayer al presente y viceversa, explorando la tensión moral en forma directa (“quería tener sitio en mi interior –nos dice Michael– para dos cosas: la comprensión y la condena. Pero ambas cosas al mismo tiempo no podían ser”).

El autor –abogado y juez– elabora el conflicto de su personaje a partir de una doble mirada existencial y jurídica, atento al cruce de los crímenes colectivos y la responsabilidad privada, asignatura pendiente de una inconclusa Alemania de posguerra. Y lo hace de modo llano, despojado de truculencia, usando de hilo conductor los libros (Schiller, Goethe, Heine...) que Michael lee a una abstraída y palpitante Hanna, mientras escarba la inasible materia de que estamos hechos.

Oveja negra dentro de la narrativa,El lector incorpora nuevos/viejos/enormes temas olvidados –amor, traición, culpa, vergüenza, perdón...–, rescatando para nuestra época lo que el pensador Owe Wikström denomina uno de los bienes actualmente más escasos: la seriedad profunda.

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