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Llegó la hora de la decisión Franklin Chang Díaz Físico y astronauta El 7 de octubre tenemos una cita con la patria. En el referéndum sobre el TLC, los costarricenses votaremos a favor o en contra del Tratado. No habrá término medio. El referéndum es un instrumento democrático que lleva la toma de decisión directamente al ciudadano, donde reside realmente el poder en una democracia. Es un método drástico y caro, pero efectivo. Ahora nos toca a nosotros, los costarricenses, agarrar el toro por los cuernos y hacer frente al asunto. Me han pedido muchos que manifieste binaria y públicamente mi posición sobre el tema. La parte pública la he hecho, la parte binaria la he resistido para evitar influir en una decisión que requiere una evaluación independiente de cada uno de nosotros. Al respecto me pregunto: ¿Estaremos realmente preparados para votar como individuos ese día? ¿O nos dejaremos llevar por las opiniones de otros? El país debe cambiar. A mediados del 2005, tuve la suerte de compartir con los señores Alvar Antillón, Rodrigo Gámez, Gabriel Macaya y Guido Villalta en un estudio de dos meses sobre el TLC. Nuestro reporte (documento público) fue entregado al entonces presidente de la República Abel Pacheco de la Espriella, el 20 de septiembre de ese año. Con la excepción del señor Antillón, ninguno de nosotros era abogado ni teníamos particular conocimiento sobre comercio exterior. En el estudio, además de la lectura del documento propio, pudimos revisar varias publicaciones a favor y en contra del acuerdo que nos ayudaron a formar opiniones sólidas. Concluimos que, como todo en este mundo, el TLC tiene cosas buenas y malas. Lo importante es que, con TLC o sin él, el país debe cambiar, pero también es cierto que la decisión sobre el TLC es urgente y necesaria para definir nuestro curso y seguir adelante. Nuestra responsabilidad. Es imprescindible que, en los cuatro meses que nos quedan de tiempo para tomar esa decisión, nos eduquemos lo mejor posible sobre los parámetros de este Tratado, mediante el estudio, la consulta y la discusión comunitaria en pequeños grupos. Cada familia costarricense debe obtener una copia del Tratado y leer, marcar, subrayar, y tratar de entender el documento. Hay, además, muchos documentos publicados (con posiciones tanto a favor como en contra) que nos ayudan a entender el intrincado texto legal del Tratado. No nos dejemos llevar por la desinformación y retórica que tanto se oye en estos tiempos. Busquemos la verdad en la relativa privacidad de nuestros hogares, en grupos de estudio, en nuestras comunidades. Aprovechemos estos cuatro meses para estudiar, leer, informarnos y llegar a una opinión personal seria. La tarea que les habíamos encomendado a nuestros dirigentes políticos es ahora nuestra responsabilidad como ciudadanos. Aunque la tarea es tediosa (y encima tenemos que ir a trabajar), busquemos el balance y tomemos la decisión. Ya yo tomé la mía. El 7 de octubre tenemos una cita con la patria.
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