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/LA NACIÓN

La Reforma Universitaria de 1957

Trascendencia de la institucionalización del humanismo en el país

Luis Lara
Filósofo

En marzo se cumplieron 50 años de la gran reforma universitaria promovida y programada por don Rodrigo Facio. Es probable que no sean muy numerosas las personas conscientes de la trascendencia que esta institucionalización del humanismo ha tenido en la formación de un país. Algunos otros lo tienen, pero son y serán siempre muy pocos, lo cual se debe a que el humanismo no rima muy bien con el nivel en que se encuentra nuestra civilización occidental, en la que predomina el tecnocratismo. También en la antigüedad se afirmaba el adagioprimum vivere, deinde philosophare , como prueba de que hasta en la más desarrollada cultura se miraba la instrucción como algo secundario a la lucha por la vida.

Cuando empecé a trabajar como profesor en la Universidad de Costa Rica, recién llegado de España, pregunté a don Constantino Láscaris a qué se debía el desprecio a Ortega y Gasset que mostraban algunos profesores. Me respondió que era una reacción generacional, pues la Reforma de 1957 se había hecho con los libros del célebre pensador español en la mano. Es que fue Ortega el primero que ideó la posibilidad de crear una Facultad de Cultura obligatoria para todos los estudiantes de ingreso, al lado de las de Medicina, Derecho, etc. La intención era, pues, que los profesionales no salieran convertidos en bárbaros especialistas. Fue una gran idea, una magnífica sugerencia acogida en este país, por primera vez, por el inmenso talento del rector Facio, a lo que se debe que nuestra “U” lleve su glorioso nombre.

Ambición concreta. Ahí, en ese hito histórico de nuestra evolución educativa, nació la Facultad de Ciencias y Letras, cuyo núcleo de humanismo fue y se mantiene hasta hoy a duras penas la Escuela de Estudios Generales.

Nuestro ilustre director –doctor Gustavo A. Soto V.– está ahora promoviendo reformas de gran importancia en la planta física de la Escuela y en el orden de los programas de las materias funda- mentales (Historia, Lenguaje, Filosofía, Teatro, Cine cultural, Artes). Está en proyecto la instalación del sistema de Doctorado en Humanidades, como un fundamento más entre otros que ya tiene, para optar al rango de Facultad, que a estas alturas de espléndida historia ya puede pensarse y acariciarse como una ambición concreta y seria.

La idea de un ascenso de la Escuela de Estudios Generales al rango de facultad no es nada reciente. Aparece y desaparece en una intercadencia de claroscuros, como si se tratase de una idea de magos, faquires y fantasmas. Ocurre que tal proyecto –debe reconocerse y creo que es la opinión del actual director– supone un complejo proceso de reestructuración de la jerarquía de niveles de enseñanza en la Universidad, y la consiguiente transformación en las conexiones administrativas de las diversas secciones.

Meta trascendente. La complejidad que ha ido alcanzando nuestra Universidad –desde su fundación en 1940 hasta hoy– es tan densa e intrincada que requiere de un proceso lento, gradual y profundamente reflexivo. Están en juego la Rectoría –que con doña Yamileth González tiene una garantía de fuerte Humanismo Integral por su condición de historiadora–, la Asamblea Colegiada Representativa y el Consejo Universitario. Es un universo en pequeño, pero tan complejo como cualquier otro tipo de Estado. Con talento, cultura y buena voluntad se llegará a buen término en cualquier meta trascendente, hecha con claridad de ideas, convicción y conciencia histórica.

Como catedrático de la Universidad de Costa Rica siento siempre el orgullo de comprobar que nuestros estudiantes tienen un altísimo coeficiente intelectual y cultural. Son capaces de investigar cualquier tema que se les asigne, dominarlo en poco tiempo y exponerlo en miniconferencias con una dignidad asombrosa. Están alerta en los asuntos nacionales, tienen criterio firme sobre lo que le conviene al país, distinguen claramente en el orden político quiénes son los agentes que buscan su propio beneficio con un egoísmo bestial y quiénes son los que piensan con sinceridad en esa síntesis compleja, trascendente que denominamos pa- tria.

Esta clase superior de estudiantes es la mejor recompensa en este largo y tortuoso camino de evolución humanística.

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