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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Desde hace meses, el nombramiento del nuevo rector de la Universidad para la Paz (UPAZ), de Naciones Unidas, con sede en Costa Rica, es motivo de encuentros, desencuentros, votaciones, revisiones, preocupaciones, presiones, viajes, visitas, sospechas, evasiones y todo lo que, en punto a estas decisiones, se da entre los seres humanos. Al parecer, esta designación no ha disfrutado de paz. Si el mundillo nacional es embrollado, por aldeano, el internacional es, por globalizado, arduo y embarazoso. Pues bien, en este concierto, entre cancillerías, Gobiernos y comisiones, sobresale un costarricense como candidato a rector de la Universidad para la Paz, el Dr. Fernando Durán Ayanegui, exrector de la UCR, académico, escritor, investigador y con muchos otros lauros, como lo comentamos recientemente. Este es nuestro candidato, el único, en la lista de aspirantes de varios países que ha logrado vencer todos los artículos y hasta las artimañas, y, como tal, una garantía de integridad y de excelencia académica para la UPAZ, asendereada por ciertos personajes que, de una vez por todas, deben desaparecer de su seno y de su horizonte. Corresponde ahora al Gobierno dar cima a esta candidatura. En estos días se están repitiendo las presiones por otros candidatos, ninguno de los cuales posee las credenciales del Dr. Fernando Durán. Por cierto, uno de los candidatos fue militar, embajador de EE. UU. en Iraq y, al parecer, estuvo en andanzas petroleras en Asia, lo que, a todas luces, riñe con la paz. Un personaje internacional, por cierto, confinado voluntariamente en China, saltaría de gozo si este candidato fuese elegido. Este poderoso hacedor de nombramientos internacionales, en la ONU y en otros lares, se llama Maurice Strong, exrector, presidente del Consejo y miembro del Consejo Ejecutivo de la UPAZ. Su fuerte apellido figura en informes que, por cierto, han debilitado a Naciones Unidas. Nuestro canciller, Bruno Stagno, dio, solitario, una batalla singular, siendo embajador en la ONU, sobre la revelación y debate de estos informes con petróleo, abundantes dólares y escasos alimentos. Este es un capítulo de nuestra política exterior que, algún día, se debe contar para gloria de Costa Rica. Pues bien, en estas lides diplomáticas anda nuestro país a mucha honra. Si la paz es uno de los componentes de nuestra política exterior, vale la pena liberar a la UPAZ, creada por la ONU el 5 de diciembre de 1980, de intereses poco pacíficos, algunos desconocidos, y fortalecerla, con resultados concretos, en su razón de ser. Un costarricense está de sobra pertrechado, venturosamente, para lograr esta reconversión.
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