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Un justo desagravio Juan Fernando Cordero jfcordero@nacion.com Menuda sorpresa. Según un reciente artículo del investigador Luis Rosero Bixby, no es cierto que la migración nicaragüense deteriore los índices de salud costarricenses. A esa conclusión, según Rosero, llegó Andrew Herring, pasante de la Universidad de Harvard que estudió las tasas de mortalidad de ambos grupos entre 1996 y el 2005. Entre otros resultados, se determinó que los inmigrantes tienen una mortalidad 32% menor que los ticos de la misma edad y sexo, que se eleva al 42% cuando se consideran solo causas de muerte de tipo endógeno. Y la razón que lo explica mejor es que quienes migran son un grupo selecto de los más sanos, fuertes y emprendedores. En consecuencia, los vecinos del norte utilizan en menor proporción los servicios de salud costarricenses y hasta enriquecerían nuestro acervo genético. El estudio, en buena hora, pone muchas cosas en su correcta perspectiva. Para comenzar, a falta de chivo expiatorio, obliga a que las autoridades de salud realicen ahora un esfuerzo mayor para determinar cuáles son los verdaderos motivos de los rezagos y menoscabos que pudiera estar experimentando nuestro esquema sanitario. Además, conduce a que toda nueva política migratoria deba tener muy en cuenta estos hallazgos, en lo que a la formación de las fuerzas laborales del país se refiere. Pero, sobre todo, desploma como un castillo de naipes los pueriles argumentos de la legión de xenófobos y chauvinistas que la emprenden, diaria y gratuitamente, contra los inmigrantes nicaragüenses. Sí, la legión de los chistecitos, las burlas y las historias desacreditadoras, que deben esconder oscuras debilidades de quienes las propalan. ¿Qué tendría que decir ahora uno de esos costarricenses que abarrota la CCSS sin estar realmente enfermo, sobre los recién llegados que no imponen presiones indebidas sobre el sistema? ¿Qué responderían esos ticos “superiores” acerca de quienes pueden mejorar su propio acervo genético? ¿Los retarían a una competencia de corta de caña para demostrarles que lo que dice el estudio no es cierto? El trabajo de Herring, en última instancia, es un acto de justicia y desagravio para con una población considerable que, con su sacrificio personal y familiar, contribuye en gran medida al desarrollo de Costa Rica.
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