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EDITORIAL

Revés sindical

La resolución de la OIT favorable a nuestro país ratifica nuestro esfuerzo y nuestros valores
Los dirigentes sindicales y políticos que buscan desacreditar al país en el exterior deben cambiar de táctica


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) desestimó una denuncia interpuesta, desde el 2001, por la Confederación de Trabajadores Rérum Novárum y la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP) en la que acusaban al Estado costarricense de violar la libertad sindical y el derecho a negociar convenciones colectivas en el sector público, consagrados por los convenios 87 y 98 de la OIT.

Esta sentencia se basó principalmente en el resultado de una investigación in situ de delegados de la OIT, quienes visitaron Costa Rica en agosto del 2006 y en febrero del 2007. Estos delegados contrastaron su informe con la documentación aportada por la delegación costarricense que viajó a Suiza, la semana pasada, con ocasión de la reunión de empresarios, trabajadores y representantes de 178 países miembros de la OIT, organismo de la ONU. De este modo, Costa Rica no será incluida en la lista de los países violadores de las normas internacionales del trabajo, tal como lo han pretendido, en forma recurrente y vehemente, un grupo de dirigentes sindicales. Ahora, ante este triunfo del Estado de derecho y del país, el secretario adjunto de ANEP sentenció que “los hermanos Arias habían viajado a Ginebra a torcerles el brazo a los miembros de la OIT”.

Este exabrupto refleja fielmente el pensamiento de un grupo de dirigentes sindicales del país y la desorientación, desde hace tiempo, del sector más vocinglero y antidemocrático del sindicalismo nacional. Esta comprobación es básica en el análisis de las organizaciones sociales, reveladora, además, de su vehemente interés en que Costa Rica sea condenada en algún fuero internacional. Esta fue la intención, en años pasados, al tocar sumisamente las puertas de la poderosa organización sindical norteamericana AFL-CIO para que nuestro país fuese privado de las ventajas de la Cuenca del Caribe, con su consiguiente repercusión en la pérdida de inversiones y de empleos. Su oposición al TLC obedece al mismo designio.

Esta campaña contra los intereses nacionales se ha puesto de manifiesto, asimismo, en la alianza de otros dirigentes sindicales con organizaciones europeas, en contra de la exportación y de la calidad del banano costarricense, aduciendo supuestos quebrantos ambientales. Al parecer, las consecuencias nefastas de estos ataques contra la producción nacional en la zona sur, en el plano del empleo, no han logrado apaciguar el ímpetu ideológico de estos dirigentes. Y, para no ir tan lejos, esta mentalidad antipatriótica ha quedado documentada en las frecuentes proclamas de algunos dirigentes sindicales contra la institucionalidad democrática, contra el proceso electoral pasado o contra la legitimidad de los actuales gobernantes, todo con el respaldo de dirigentes y grupos extremistas de América Latina.

Desde esta perspectiva nacional, la resolución de la OIT es muy significativa para Costa Rica. Clarifica el ambiente político y social del país y representa, a la vez, una llamada de atención para ciertos dirigentes políticos y profesionales que, en estos años, han estado manoseando nuestro bien ganado prestigio en el campo electoral y del respeto a los derechos humanos. Estos dirigentes, al igual que algunos líderes sindicales, no han querido deponer su comezón política y su anacronismo ideológico ni distinguir entre el interés personal y el buen nombre de nuestro país. Ojalá esta nueva lección internacional, en materia tan sensible, logre reorientar las intenciones de unos y otros.

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