 Oso negro rescatado de traficantes
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LA HAYA (AFP) -
Representantes de 171 países y de ONG tratan en La Haya de hallar una solución al dilema que los divide: cómo conciliar las medidas radicales para proteger las especies en peligro de extinción con las necesidades de las poblaciones de los países pobres que viven de la naturaleza.
Los participantes examinarán los efectos potenciales que puede acarrear la normativa internacional sobre comercio de especies salvajes a los poblados desfavorecidos dependientes de la caza y la cosecha, en la 14ª Conferencia de la Convención sobre el Comercio Internacional de las Especies de Fauna y Flora en Peligro de Extinción (CITES), que se celebra en La Haya hasta el día 15.
Su celebración coincide en un momento en que la CITES aboga por ampliar el número de especies marinas y de los bosques que deben ser protegidos y que son objeto a la vez de un comercio floreciente en los países industrializados.
"La aplicación de una reglamentación comercial debe tener en cuenta los medios de subsistencia de los pobres", declara Willem Wijnstekers, secretario general de la CITES, rechazando así la posición de quienes estiman que este organismo debería ocuparse estrictamente de la protección de las especies.
El Fondo Internacional para la Protección de los Animales (IFAW) teme que la CITES se acabe alineando con las instituciones consagradas al desarrollo o la reducción de la pobreza.
"Incluir esta filosofía en la CITES podría debilitar y hasta contradecir el papel principal de la Convención de proteger a las especies contra la sobreexplotación resultante del comercio internacional", declaró la ONG.
Pero la CITES no es el único actor dispuesto a compaginar su papel. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) milita también a favor de una "actuación que conserve las especies pero que responda igualmente a las necesidades de los hombres".
"Un comercio mal reglamentado, no duradero e ilícito, no sólo perjudica a las poblaciones de animales, sino que socava los esfuerzos desplegados" para garantizar "los medios de existencia de las poblaciones rurales desfavorecidas", señala el WWF.
En algunos casos, la protección de las especies no es incompatible con algún tipo de actividad lucrativa. Por ejemplo, según WWF, el turismo que genera el interés por las tortugas marinas de América Central puede aportar más beneficios que la comercialización de productos derivados de este animal.
Asimismo, la observación de ballenas es una actividad turística en plena expansión.
En cuanto a la flora, combinar su protección con las actividades económicas resulta más delicado, prueba de ello es el caso de la "garra del diablo", una planta medicinal tradicional que se encuentra en el Africa austral.
En los últimos seis años han fracasado todas las tentativas para clasificar esta planta entre las especies protegidas por la CITES, explica a la AFP David Newton, responsable del programa de vigilancia Traffic, puesto en marcha por la WWF y la Unión Mundial por la Naturaleza (UICN).
Tanto Namibia, primer exportador de la "garra del diablo" como Sudáfrica se oponen a tal iniciativa puesto que temen que una reglamentación restrictiva perjudique los intereses de las 10.000 personas que dependen de su cosecha.
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