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El notariado en su lecho de enfermo

Detrás de cada grupo mafioso hay notarios

Amado Hidalgo Quirós
Abogado y periodista

En el reciente Congreso Jurídico, organizado por el Colegio de Abogados, quedó en evidencia la crisis profunda por la que atraviesa el Notariado, que ahora no solo sufre las viejas prácticas delictivas de algunos profesionales. Hoy día padece el ataque despiadado de una banca estatal que pretende acabarlo en su concepción tradicional y, además, es usado por novedosas formas para legitimar dinero mal habido.

Como dicen: “Ella sola se moría y entre todos la mataban”. Y ante esa muerte a pasito lento somos espectadores de primer orden los mismo cartularios, quienes hemos sacado el protocolo para asentar el momento en que el moribundo cese en sus signos vitales.

El primer golpe lo dio la Sala Constitucional al permitir que los notarios sean contratados a sueldo por las instituciones financieras estatales. Desde entonces, el Notariado ya no es más la función mediante la que el Estado traslada a un profesional la fe pública, para asesorar a dos partes que pretenden realizar un negocio, de modo objetivo e imparcial, y debe negarse a abrir su protocolo si uno de los comparecientes –sea o no quien le pague– puede ser perjudicado o con alguna desventaja en el negocio.

Maquila cartularia. Desde aquel nefasto día, los bancos convirtieron el Notariado en una maquila cartularia, donde los notarios – y en muchas ocasiones las secretarias– digitan durante 8 horas en los folios de un libraco que después pasa a manos de los mensajeros para que recojan firmas por aquí y para allá. Por un salario los colegas bailan la música de sus patronos, aunque no tengan tiempo ni siquiera para leer las escrituras a los deudores, quienes literalmente hacen fila para estampar sus firmas en los saturados protocolos que dejaron de ser de uso personalísimo del notario y ahora son un instrumento más de trabajo de los bancos.

Para disfrazar sus verdaderas intenciones (ganarle la partida a los bancos privados, que hasta llegan a cobrar honorarios de notario y se los dejan como parte de su ganancia), la banca estatal argumenta que el uso de notarios a sueldo es para ayudar a las personas de menos recursos a obtener préstamos para vivienda.

Falso argumento. Son los créditos de mayor monto los que gozan de ese privilegio. En promedio, los préstamos inferiores a 20 millones se realizan con escrituras a cargo de notarios externos y, por ende, pagan honorarios. Al contrario, los que van dirigidos a clientes de mayor poder de endeudamiento son los que se tramitan por medio de cartularios asalariados.

Por otra parte, ya antes del notario de planta la ley había establecido que los préstamos destinados a adquirir viviendas de bien social solo pagan la mitad de honorarios. Esa gente humilde sigue pagando un 50% por sus escrituras cuando, en aras de la justicia, deberían estar destinados a ellos los notarios que no pueden cobrar porque les paga el banco para el que trabajan.

¿ O acaso el proyecto del Banco de Desarrollo que está por tramitarse en la Asamblea no obedece a que las actuales instituciones públicas de crédito no tienen ningún interés en seguir prestando a los pobres y quieren que sea una nueva entidad la que asuma esa carga?

Así, mientras la Dirección de Notariado, el Código que regula su ejercicio y la normativa ética y moral le imponen obligaciones y sanciones al profesional que falta a su deber de asesorar, ser imparcial y abstenerse de realizar cualquier acto notarial en perjuicio o beneficio de alguna de las partes, el notario de planta, pagado como un asalariado y explotado como un maquilador, está sujeto al régimen de cualquier trabajador: obediencia y productividad por encima de todo.

¿Qué pasará cuando a alguien se le ocurra pedir judicialmente la nulidad de alguna de estas escrituras que le pusieron a firmar a ciegas, muchas con cláusulas que facultan la capitalizaciòn de intereses (prohibido por ley), argumentando que no fue asesorado debidamente y que el notario faltó a su deber de imparcialidad?

Nuevo mal al acecho. Con casi 8 .000 notarios en la calle, la mayoría subocupados, los bancos prescindiendo de ellos a cambio de servicios a sueldo, una competencia desleal entronizada y un grupo pequeño, pero llamativo, de colegas corruptos, el futuro de la profesión no pinta precisamente halagueño.

Sobre todo porque, como quedó en evidencia en el Congreso Jurídico, las formas más novedosas de lavado de dinero se ejecutan hoy con la colaboración de notarios que ayudan a legitimar dinero proveniente de todo tipo de delitos.

Alrededor de algunos de los megaproyectos urbanísticos, con la participaciòn estelar de notarios, el trasiego inmobiliario no solo convierte en limpio el dinero sucio, sino que además sirve para cometer otro tipo de delitos: el más común es la defraudación fiscal.

Ya los condominios y los apartamentos de playa o vacacionales no se venden como un inmueble que tributa y paga derechos registrales. Ahora el traslado de las acciones en libros de actas que igual desaparecen de la noche a la mañana para ocultar rastros, ha sustituido la verdadera voluntad de las partes.

Quien tiene las acciones es el dueño del inmueble que pertenece a una sociedad y, por lo tanto, el fisco deja de percibir cuantiosas cantidades de dinero que deberían pagarse cada vez que ese bien tiene un nuevo propietario. Los notarios hacen posible que esa irregular práctica se consuma, en una actuación cuasidelictual que afecta a todo el país.

Detrás de cada grupo mafioso hay notarios. Así, el extranjero ilegal pasa a un estatus normal gracias al matrimonio fraudulento, los propietarios inmobiliarios dejan de serlo por una escritura falsa, en la que a veces el notario también es víctima, pero en muchas resulta cómplice, el dinero procedente del narco se blanquea mediante inversiones en tierra o proyectos arquitectónicos cuyo trasiego queda asentado en los protocolos y ahora, para colmo de males, los notarios son utilizados por los bancos para distraer dinero del régimen tributario. El fisco deja de percibir enormes sumas cada vez que un cliente no paga los honorarios del profesional que confecciona la escritura.

Ante la crisis, estamos convocados todos los notarios que estimemos nuestra dignidad. Es el momento de rescatar la profesiòn aportando soluciones y evitando las tentaciones que el dinero sucio o fácil nos tienden en cada piedra del camino.

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