Búsqueda
Avanzada
Sábado 02 de junio, 2007
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Copa Nacional Ciclismo Montaña AM-PM
Campeonato 2006-2007
Sitio de Mapas

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Caja de Cambios (Motores y transporte)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Texto preliminar del TLC Costa Rica-EE.UU. y noticias publicadas
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:

EDITORIAL

¿Bienes de difunto?

Miles de bienes públicos sin registrar y edificios, lotes y fincas del Estado aparecen valorados en ¢1 y ¢100 en el Registro Nacional
Este desorden crónico explica demasiadas situaciones anómalas en la gestión de la cosa pública


Si una persona no tiene registrado lo que tiene, si ha documentado más propiedades o menos, si no sabe a ciencia cierta cuánto valen las que, a derecho, posee, obviamente no podrá ejercer control alguno sobre sus bienes reales o sobre el patrimonio familiar, y tampoco podrá llevar a cabo transacción alguna con base en ellos mientras no ponga orden en sus bienes. En consecuencia, se la tildará de desordenada o negligente, y se expone a perder su crédito o buen nombre frente a los demás.

Si esto ocurre en el plano privado, es lamentable y censurable, aunque el manirroto y confuso propietario podría responder que cada cual hace de su capa un sayo, y que nadie debe entrometerse en lo suyo. Con todo, si se trata de bienes públicos, esto es, de todo el pueblo, los funcionarios encargados de estos menesteres no pueden responder de esta manera. Este desorden lanza una señal negativa sobre la administración de los recursos públicos y, peor aún, verifica lo que, por mucho tiempo, hemos venido denunciando en cuanto a la gestión pública. En buena hora, la Contraloría General de la República, en la Memoria del 2006, ha llamado la atención sobre estas fallas o graves descuidos, de las que dimos nota en nuestra edición de ayer.

De acuerdo con declaraciones de la directora de Bienes Nacionales, Jeannette Solano, se ha venido trabajando, desde el 2002, en la documentación de los activos del Estado en el Sistema de Registro y Control de Bienes (Sibinet) del Ministerio de Hacienda, que no incluye los bienes de las instituciones autónomas. El primer paso ha consistido en hacer que los ministerios cumplan responsablemente. Si, al 31 de diciembre del 2007, han desatendido esta obligación, se los denunciará por incumplimiento de deberes, una figura penal que, por cierto, es preciso desempolvar o liberar de su ostracismo. ¡Cuántas desventuras morales y financieras se habrían evitado si así se hubiera procedido de manera sistemática! Lamentablemente, la impunidad ha sido, en numerosos casos, el aliciente o el techo protector de una administración pública torcida o negligente.

A modo de distracción o, si se prefiere, de reflexión, enunciamos algunos aspectos sorprendentes del desorden prevaleciente, por años, en el control y orden de bienes públicos. Nuestra nota del lunes pasado comenzó así: “Fincas, lotes y edificios valorados entre ¢1 y ¢100, así como miles de bienes sin registrar, son parte del desorden existente en la administración de los bienes del Estado”. La Contraloría señaló en la citada Memoria: “Sigue siendo caótica la forma en que están registrados los bienes de la administración. No hay certeza ni de la cantidad ni del valor”. El inventario de 72 entidades de la administración central reporta 317.347 bienes valorados en ¢51. 900 millones.

Estos datos no revelan, sin embargo, la situación real de los activos en cuanto a su valor y cantidad. Y ¿cómo podrán revelarla si aparecen 145 terrenos valorados en cero colones y si otros siete lotes y dos edificios “valen” ¢1, y 427 inmuebles más están tasados entre ¢1 y ¢100? Esta es solo una muestra en un mar de sorpresas. Lo comprueba el Ministerio de Hacienda al expresar, como lo informamos, que aún hay miles de bienes públicos sin registrar en el sitio oficial. Lo dicho y comentado puede figurar en la galería de “lo increíble, pero cierto”. El problema es que lo cierto no es asunto de galería, sino del Estado costarricense. Esta es una prueba más de que los bienes públicos no se diferencian mucho de los bienes de difunto y de que no es necesario buscar las causas de nuestros problemas en conspiraciones temibles internas o externas.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Suplemento Autos 2007
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta