|
|
|||||
|
|
Al Grano Édgar Espinoza eespinoza@nacion.com Hoy quiero lanzar la siguiente propuesta al país: si la corrupción nacional es tanta como parece ¿por qué entonces no perfeccionarla? Me explico: si es inextirpable y, peor aún, incontenible, ¿por qué no sacar de ella el máximo provecho en vez de pasarnos la vida atacándola inútilmente por los medios tradicionales? Digo inútilmente porque muchas veces el acto mismo de combatirla, legítimo o simulado, añade corrupción a la corrupción. El asunto no se resuelve solo con aceptar que hay corrupción. Habrá que admitir, más allá de eso, y como un secreto a voces, que esta es parte inherente del modelo de desarrollo moderno y que, como tal, está en toda parte y lugar: Gobierno, banca, comercio, Iglesia, leyes, deporte, sindicatos, política, familias... Por supuesto bajo el control de mafias dispuestas a pelear por lo suyo en cualquier terreno. De ahí que, ante lo irremediable, lo idóneo sería luchar, de nuestra parte, para que la inevitable corrupción alcance niveles óptimos de excelencia, de modo que el país salga ganando, y los magnates de ese oficio también, y no como hasta ahora que solo estos han hecho mesa gallega con los recursos públicos. Mi idea es que, validos de la pericia tica en ese oficio y de su inconmensurable sed de lucro, elevemos la corrupción, con todos los honores, a rango de primer mundo. Por si no me doy a entender, valga como ejemplo el caso de muchas carreteras nuestras, manjar de políticos y contratistas. Acto I: los contratistas financian las campañas electorales de los políticos. Acto II: los contratistas construyen mal las vías, pero cobran bien. Acto III: los políticos hacen la pantomima de reclamar y nada pasa. Acto IV: políticos y contratistas más ricos. Epílogo: ciudadanos sin vías y con los bolsillos destrozados. Mi propuesta apunta a cambiar ese epílogo de una vez por todas para que, de ahora en adelante, el costo de los proyectos que se liciten o den en concesión incluya, pordefault, un megachorizo a los corruptos oficialmente involucrados, a cambio de que le garanticen al país una obra de primerísima calidad. Con esto, más allá de la obra en sí, y a tono con la inexorable realidad actual, estaríamos comprando (recuperando) el derecho a que nos la entreguen perfecta. Lograr los arreglos para legitimar este salto jerárquico de la “mordida” o “premio” no sería ningún problema. De hecho, en medio de la gran ingobernabilidad del país en los últimos años, es lo único que ha funcionado. Lo que hay que hacer es quitarse la careta y aceptar la corrupción como el nuevo dios universal.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |