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Colombianos llegan a Panamá con inversiones y problemas


Por Juan Zamorano

Panamá (AP). Las inversiones colombianas ya superan los 2.000 millones de dólares, mientras que el ritmo del vallenato, la comida y la moda de ese país son cada vez más comunes.

Panamá ha sido tradicionalmente un punto de tránsito y de comercio y en décadas recientes llegaron centroamericanos agobiados por la guerra, pero también de China, cuya comunidad es la más numerosa y entre las legendarias.

Los colombianos comenzaron a llegar en los últimos años por la proximidad y las oportunidades en Panamá y debido a que países como Costa Rica y España les exigían visas.

También están llegando muchos inversionistas y empresarios venezolanos atraídos por el boom inmobiliario, según fuentes privadas.

La compra a comienzos del 2000 por parte de los poderosos grupos Santo Domingo y Argos de la industria cervecera panameña más grande y de la cementera más importante, respectivamente, caló en Colombia, donde comienza a verse a Panamá como un destino para las inversiones, dijo la AP el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombia-Panamá, Jorge Hernán Nieto Botero.

Desde el 2000 a la fecha, unas 35.000 visas a inversionistas y micro empresarios fueron concedidas a los colombianos, según Nieto.

Si a ello se cuentan los miembros de la familia, el número de colombianos podría superar los 150.000, estimó. Esa cifra no incluye a los miles de indocumentados.

Los colombianos están a la zaga de los chinos que superan los 300.000 en este país de tres millones de habitantes. Los chinos son dueños de los comercios y tiendas al por menor, entre otras actividades como restaurantes, talleres de mecánica y electrónicas.

Del flujo de venezolanos se desconoce de momento a qué magnitud ha llegado, pero la abogada chilena nacionalizada panameña, Myrna López Yuras, de la Fundación Casa Latinoamericana (CASALAT), aseguró que está llegando mucha gente acomodada de ese país y que ella en particular les tramita cerca de 30 casos de visas.

Son excelentes clientes, que vienen a comprar torres (edificios) y apartamentos. López creó CASALAT hace cinco años, para orientar y tramitar papeles a extranjeros, que en su mayoría corresponden a colombianos. Aseguró que ahora tiene el apoyo de algunas mujeres venezolanas en favor de actividades para los inmigrantes.

Los colombianos, no obstante, se han convertido desde fines de los 90 en los mayores inversionistas latinoamericanos en Panamá y detrás de Estados Unidos, que sigue siendo el principal socio del istmo, con inversiones estimadas en 25.000 millones de dólares.

Pero a la par de los inversionistas y pequeños empresarios, la oleada migratoria colombiana también incluye a profesionales variados, gente de los estratos pobres que buscan una mejor oportunidad socioeconómica y hasta algunos sujetos a la orden de actividades criminales como el narcotráfico.

Lo negativo de ese flujo es esa minoría que se infiltra para cometer crímenes, dijo a la AP el escritor y profesor de sociología de la Universidad de Panamá, Raúl Leis. Vienen a seguir a otros colombianos para extorsionarlos, secuestrarlos o matarlos supuestamente por asuntos del narcotráfico.

Es parte del tráfico de drogas del área que viene del sur que atraviesa nuestras tierras y nuestros mares, consideró en una entrevista el director encargado de la Policía Técnica Judicial, Gustavo Barragán.

Las autoridades contabilizan al menos cinco ejecuciones al estilo de sicarios en lo que va del año. El más reciente se dio en plena luz del día en una zona cercana a un hotel de la capital.

El gobierno panameño, aturdido por esos asesinatos, decidió incrementar los controles migratorios e intercambiar más información con el país vecino. La imposición de visas a Colombia y a otros países también es tema de análisis.

Costa Rica y España ya lo hicieron, lo cual empujó a los colombianos a buscar otros destinos como Panamá, aseguró Nieto.

Agregó que luego llegó el auge en la construcción y ello impulsó a capitales colombianos a invertir en el sector residencial para los jubilados extranjeros y en los rascacielos, que están atrayendo a compradores de todo el continente.

Nieto estima que las grandes inversiones suman más de 2.000 millones de dólares, aunque hizo la salvedad que podrían ser mayores si se toman en cuenta otras actividades variadas y más pequeñas en las que hay capital colombiano.

La perspectiva es tener más de 50.000 millones de dólares en inversiones, manifestó. Los colombianos le apuntan ahora a la ampliación del canal, entre otras grandes obras.

En medio de toda esa multimillonaria inversión diseminada en el comercio, la industria, el sector inmobiliario, los seguros y las finanzas, miles de colombianos, algunos sin sus documentos en regla, trabajan en centros comerciales, restaurantes, hoteles, bares, clubes nocturnos, en obras de la construcción y también en actividades domésticas.

La barranquillera Liris Campos, de 34 años, llegó a mediados del 2002 en busca de empleo, con lo que tuvo que dejar a sus tres hijos, aunque los logró traer después.

Colombia no está bien económicamente y tienes que salir, jugarte la vida para que puedas sacar a tus hijos adelante, dijo a la AP la mujer, que cuida a un niño en una casa de familia por 270 dólares al mes.

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La reportera de la AP en Panamá, Kathia Martínez, contribuyó con esta nota.

En la internet: www.cccolombiapanama.org

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