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Hablar de música Los músicos costarricenses saben que su pensamiento puede volar libreÓscar Arias Sánchez Presidente de la República El pasado 28 de mayo tuve la oportunidad de acompañar a los autores y compositores musicales en la entrega de Premios ACAM, una actividad que constituye un homenaje a la producción musical costarricense, pero también a la libertad de expresión. En ese mismo escenario, se dieron cita músicos de todas las edades, tendencias artísticas e ideologías, todos seguros de que su pensamiento podía volar libre por las líneas de sus pentagramas y por sus cuerdas vocales. Con su libertad, los músicos costarricenses demostraron, una vez más, que una vida de tolerancia no solo es posible, sino necesaria. Costa Rica ha sido bendecida porque sus hijos crecen libres en cuerpo y en espíritu. Costa Rica ha sido bendecida porque sus hijos dicen lo que piensan así estén frente a un amigo, frente a un colega o frente al presidente de la República. Costa Rica ha sido bendecida porque sus hijos pueden oponerse al gobierno, y tienen la capacidad de decirlo en un escenario y frente a un micrófono, y no en las oscuras catacumbas de los insurgentes, no en medio de las húmedas paredes de una cárcel, no desde la nostálgica distancia del destierro. Grandes cantautores no corrieron igual suerte. Grandes cantautores temblaron ante la censura de un régimen, o, peor aún, ante el exilio, la prisión, la tortura o la muerte. Solo nos basta recordar aquella hermosa canción de María Elena Walsh que inmortalizara Mercedes Sosa: “tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando… y seguí cantando al sol como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”. O aquella que Milanés le cantó a los chilenos: “yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes”. Celebración de la libertad. La entrega de Premios ACAM fue, entonces, una celebración a la libertad de los músicos costarricenses, pero también una ocasión, imprescindible, para hablar de música. Hablar de música significa evocar los pasajes más hermosos de nuestra memoria. Siempre he creído que la vida de cada quien tiene una banda sonora, cuyo Leitmotiv se escucha casi imperceptible en los momentos más importantes de nuestra existencia. El mío sería algo así como el preludio de Tristán e Isolda, que suena en el fondo del día de mi nacimiento, del día en que mi mamá me dejó en la escuela, del día en que ingresé a la Universidad, del día en que nacieron mis hijos, del día en que fui elegido, por primera vez, presidente de la República, y del día en que recibí el Premio Nobel de la Paz. Sé que guardo en mi partitura algunas notas para el día en que pueda retirarme a disfrutar en mi casa con mis libros y mi música, para el día en que en Costa Rica se erradique la pobreza extrema. Y Costa Rica, como nación, tiene también una banda sonora; por eso premiar la música nacional no es un acto protocolario: simboliza nuestra visión de que la música, más que un bonito accesorio de las civilizaciones, es la emanación misma de su esencia. Producción musical nacional. Por eso considero crucial que le demos un impulso decidido a la producción musical costarricense. Y creo que, a pesar de las múltiples dificultades que todavía enfrentan los músicos nacionales, vamos progresando en esta tarea. Porque nuestros músicos ahora ganan Grammys y festivales internacionales. Porque las emisoras de radio programan cada vez más música de compositores costarricenses, aunque todavía no lo suficiente. Porque al lado de chips de computadoras y software de la mejor calidad, ahora también exportamos música. Porque, conforme pasa el tiempo, los músicos costarricenses se convierten en figuras públicas, en modelos a seguir. Con este progreso, viene aparejada una gran responsabilidad: hace que los músicos se conviertan en figuras cada vez más influyentes, cada vez más capaces de modificar las realidades a partir de sus palabras. Y a mí me parece maravilloso que así sea. Creo que la fama los hará influyentes, pero el arte los hará sensibles. Creo que el reconocimiento los hará populares, pero la cultura los hará sabios. Creo que Costa Rica no puede prescindir de sus corazones, no puede prescindir de sus palabras y, sobre todo, no puede prescindir de sus canciones. Yo deseo que la producción musical costarricense sea cada vez más firme y segura, que sea cada vez más responsable y cada vez más crítica. Sobre todo, deseo que sea cada vez más libre. Porque los listones de las marimbas, las cuerdas de los violines y las guitarras son los ejes de nuestra carreta, como dijera Atahualpa Yupanqui en su bella canción, y esos ejes de la carreta,nunca los voy a engrasar .
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