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Opinin Toda selección conlleva un sesgo y casi resulta imposible quedar bien. Sin embargo, la reciente escogencia de los nuevos miembros de la Galería Costarricense del Deporte fue más allá: dejó un sinsabor bastante fuerte y una sensación de injusticia. Lo feo del asunto es que a pesar de los candidatos de lujo, los encargados de elegir no pudieron completar la cuota de atletas. Que quede claro: no es mi intención arruinarle la justa alegría a ninguno de los elegidos (el problema no es de ellos, al fin y al cabo); pero con todo el respeto, sí creo que la escogencia no fue feliz y, lo peor, pecó por omisión. Ahí reside el quid del asunto: casi todos los eliminados reunen mayores méritos que los escogidos. En cualquier lugar del mundo, el ingreso a un “salón de la fama” significa el premio y reconocimiento a una vida de logros, cuantificables y perdurables. Sobre todo, tras un período de retiro porque la prueba del tiempo es tan severa como justa. De esa forma se evita la tentación de las modas, el embrujo de un logro del momento, la cuota política, el favorcito al conocido y el “ahora me toca a mí”, como si el ingreso fuera solo cosa de hacer fila. Pasan los años. Si los éxitos deportivos no sobreviven la prueba del tiempo, pues entonces, con el dolor del alma, el retrato de ese atleta no merece estar en las paredes de la galería (personalmente, yo mismo me encargaría de descolgar unos cuantos cuadros). El asunto es así de simple, porque en buena teoría solo los mejores deben ser miembros. La elección de este año nos lleva a otro comentario: el poco interés o escaso de las autoridades deportivas por las glorias de antaño. Cerrada casi todo el año, la elección se hace cuando se puede y casi como para cumplir con un rito vacío de significado: el abandono de la memoria deportiva del país es pavorosa. No es posible que Costa Rica pretenda dar el salto al primer mundo del deporte si ignora su pasado y si desiste de aprender de él. A lo hecho, pecho: la suerte está echada y quienes van, van; pero, las actuales autoridades disponen de una buena oportunidad para desfacer futuros entuertos, porque quienes en el pasado le dieron lustre al deporte costarricense merecen un mejor trato. Si no, el honor de estar en la galería estará bajo sospecha y será mejor que las próximas escogencias se hagan mediante una rifa de a ¢1.000 el número.
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