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La coma vale uno Ramiro Rodríguez Vargas Profesor de matemática Ahora que se discute sobre el uso de la calculadora y sus efectos en la enseñanza de la Matemática, quisiera narrarles esta anécdota. Hace un par de años, repasábamos algunos temas de bachillerato, estábamos analizando las funciones lineales, sus variantes, sus componentes y el significado de cada parte, cuando llegamos a un ejercicio en el que había que calcular la pendiente (en este caso el valor de m) y la intersección (b) de una recta a partir de dos puntos (pares ordenados de su gráfico). Un estudiante me dice: –Profe,eso se hace muy fácil con la calculadora. –¿En serio? –le dije–. Veamos su procedimiento. –Vea: se usa la ecuación con dos incógnitas; el primer número es m, la coma vale uno y el segundo es b. Nadie lo sabe. Hizo su procedimiento y, efectivamente, la primera solución del sistema era el valor de m y la segunda, el valor de b. Los compañeros se quedaron atónitos y comenzaron a pedir que les enseñaran el mágico procedimiento. –Bueno, Pacheco –le dije al estudiante–, ahora explique a sus compañeros el procedimiento y dígales por qué funciona. –Profe , yo les digo cómo se hace, pero por qué funciona, no se sabe. –Y ¿dónde aprendió eso usted? –Con un profesor que me da clases particulares. –Y ¿no le dijo por qué funciona? –Dice que nadie lo sabe. El caso cae al pelo para indicar que los trucos de calculadora existen y se usan a diario; no como alguien dijo hace poco ante la pregunta de un comunicador, que los profesores no hacen eso; puede ser que ese alguien no lo haga, pero la mayoría lo hace. Salida lateral. ¿Qué pasa con este ejemplo? Un estudiante asume semejante desatino – “la coma vale uno”– y con eso resuelve un problema, pero ¿se habrá preguntado ese docente las repercusiones de esa aseveración, habrá meditado sobre la interiorización personal que hace cada estudiante cuando algo le sirve, pero no sabe de dónde salió? El procedimiento indicado puede ser ideal para analizar los conceptos que subyacen y, en lugar de ser elemento disociador, puede enriquecer el aprendizaje, aunque no deja de ser una salida lateral. El éxito de los trucos radica en el modelo de enseñanza y en el tipo de examen, ambos privilegian el procedimiento ante los conceptos. “No interesa para nada que dominen el concepto de número negativo, interesa que sepan resolver ejercicios, al fin de cuentas ni yo sé qué es un número negativo y nadie lo sabrá nunca”, dijo un vez un director de la Escuela de Matemática y coordinador de la comisión conjunta de Formación Docente de la Universidad de Costa Rica. Por eso un buen estudiante no es el que entiende lo que hace, es el que puede hacer malabarismos de cálculos. Hay que cambiar la enseñanza algorítmica por la conceptual.
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