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Innecesaria división del país

La apertura y el TLC deben verse como una gran oportunidad

Marco Pacheco
Economista

La división alrededor del TLC refleja la forma diferente en que los costarricenses vemos nuestros problemas y cómo enfrentarlos.

Sin embargo, todos compartimos preocupaciones y objetivos similares y, por lo tanto, deberíamos ser capaces de encontrar soluciones propicias para la mayoría, ya que las diferencias reales no son tan grandes como algunos nos quieren hacer pensar.

El mejor ejemplo se encuentra en la forma en que algunos grupos han enfocado el deterioro socioeconómico que sufre el país y que se ha traducido en mayor desigualdad y pobreza. Estos grupos interpretan la situación actual como resultado de la implementación de políticas neoliberales de apertura comercial y, por ende, se oponen a cualquier otra medida que sea congruente o que se pueda catalogar originaria de dicha ideología.

Tal argumentación se puede simplificar así: como la situación de la mayoría de los costarricenses era mejor antes de que se implementaran las políticas de apertura comercial, es necesario invertir su dirección para volver al estado anterior. Ese razonamiento se fundamenta en tres supuestos de fondo, que no son necesariamente correctos y que pueden cambiar completamente las conclusiones que se alcancen.

Factores cambiantes. El primer supuesto es que todos los factores externos no han cambiado en el tiempo y que con la aplicación de políticas públicas similares a las del pasado volveríamos a obtener los resultados anteriores. Al menos dos factores externos importantes han cambiado en las últimas tres décadas y ameritan considerar de manera diferente las medidas de política económica a implementar:

* La globalización y las tecnologías de la información. Anteriormente el Estado tenía mayor responsabilidad en la asignación de recursos, pues el país estaba relativamente aislado de la economía mundial y era necesaria una intervención que lo orientara hacia la producción de bienes con mayor valor de mercado.

* La inversión extranjera directa. En el pasado, el Estado debía conseguir y canalizar los recursos hacia esas actividades pues muchas empresas en el país no tenían los medios para desarrollarlas.

El segundo supuesto no considera cuál sería la situación actual si se hubieran mantenido las políticas que se venían implementando. Es decir, se subestima por qué se hizo necesario implementar políticas de apertura comercial y se asume que la situación del país sería mejor hoy, sin pensar que podría ser mucho peor sino se hubieran implementado dichas medidas.

Apreciaciones divergentes. El tercer supuesto, tal vez el más delicado, es que la situación presente se debe al fracaso de las políticas de apertura comercial y no a la falta de otras acciones complementarias que hubieran permitido a la mayoría de los costarricenses beneficiarse de las medidas aplicadas. Si pensáramos cuál sería la situación de todas esas familias que hoy viven en la pobreza, si todos tuvieran un nivel de educación mucho más elevado, las conclusiones a las que llegaríamos acerca de la apertura comercial y el TLC serían probablemente otras.

En el contexto mundial actual, la apertura y el TLC se deben ver como una oportunidad. Por ello, los esfuerzos y la voluntad de la oposición deberían enfocarse en el impulso de políticas públicas que permitan a la mayoría de costarricenses beneficiarse de todas estas oportunidades y no descartarlas arguyendo que la mayoría no las podríamos aprovechar.

Esa es una tarea que reviste verdadera importancia, que sin duda transcendería el tema de turno y que nos permitiría dar un salto cualitativo en la discusión acerca del futuro de Costa Rica, evitando esa división entre los costarricenses que tanto nos debilita frente a los desafíos que se nos presentan.

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