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Juancho

El futuro del deporte costarricense de alto nivel es sombrío

Norman Lizano Ortiz
nlizano@hotmail.com
Abogado

De niño siempre tuve muy claro lo que quería llegar a ser cuando grande. Al llegar octubre desempolvaba mi manilla de beisbol y durante los recreos en la escuela pretendía ser Ozzie Smith –El Mago de Oz – jugando en el paracortos. Al llegar diciembre, con él las vacaciones de 3 meses, comenzaba la vuelta ciclística a Costa Rica y yo, por supuesto, entrenaba fuerte porque así, cuando cumpliera 20 años, sería como Carlos Palacios o Juan de Dios Castillo. El otro evento de las vacaciones de verano era la Copa del Café. En ese entonces mis ídolos eran los hermanos Fred y Kenneth Thome.

Como no me podía quedar atrás, empecé a ir con mis primos a las instalaciones del Costa Rica Tennis Club. Después de convencer a los guardas para que nos dejaran pasar, a pesar de “no tener listo el carné”, empezaba a bajar la rampa que conduce al “Grill”, el tradicional centro de socialización. A la izquierda , la cancha de bochas (en la que nunca vi a nadie jugando), y a la derecha, en la cancha n.° 1, un adolescente que nunca faltaba a su cita matutina con la raqueta, la bola y su entrenador, Mario Céspedes. Su nombre: Juan Antonio Marín.

Rifa indeseable. Como nacimos en el mismo año, nos tocaba jugar los torneos nacionales en la misma categoría. Recuerdo que, la única vez que me inscribí, mi gran temor era “sacarme la lotería” y tener que enfrentarme a él. Probablemente no me hubiera presentado y Juancho habría ganado por default. Afortunadamente, como primer sembrado le dieron un bye (pasó directamente a la segunda ronda) y yo perdí mi partido contra otro contrincante, pero al menos salvé mi honor.

Pese a que despuésJuancho se fue para España para realizar su sueño, y yo decidí que lo mejor era dedicarme a mis estudios, nunca le perdí la pista. Estuve en la gradería norte del Country Club cuando jugó la final de la Copa del Café de 1993 contra Razvan Sabau y ganó la versión del dobles junto a un estadounidense. Primero por los periódicos y más recientemente por Internet, siempre estuve al tanto de sus logros, que fueron bien reseñados por el periodista Harold Leandro, el pasado 22 de junio.

El último. Juan Antonio Marín jugó su último partido como profesional este 21 de julio en Kitzbuhel, Austria. Por cuestiones de trabajo y, por qué no, del destino, me tocó ser testigo de primera fila de su última victoria en un torneo ATP en el Abierto de Tenis de Holanda y del penúltimo partido de su carrera.

Creo que con esto el tenis costarricense, y nuestro deporte en general, pierde uno de sus mejores exponentes de alto rendimiento. Desafortunadamente, muy pocos vienen detrás y lo único que podemos ver es un Comité Olímpico que no aporta ni propone nada, una empresa privada que, salvo contadas excepciones, destina sus patrocinios solamente al futbol, y el Icoder poco puede hacer si no cuenta con adecuados recursos económicos. Aunque trato de ser positivo, el futuro del deporte costarricense de alto nivel es sombrío y difícilmente la generación de mi hijo podrá vibrar como lo hicimos con las hermanas Poll, Lobito Fonseca, Alejandro Ramírez y Andrés Brenes. Por lo pronto, ¡gracias,Juancho !

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