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Lunes 30 de julio, 2007 San José, Costa Rica. |
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Futbol Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Alajuela. Lo que Wilson Muñoz intentó ayer no es nada nuevo en la historia del futbol. Eso de engañar al portero en un penal, levantando la bola con suavidad, se ha visto incluso en los partidos más decisivos. Es una apuesta arriesgada. Cuando la audacia sale bien, el autor es elevado a la categoría de genio, un superdotado capaz de sustituir el cañón del disparo por una parábola discreta que confunde al guardameta.
Pero cuando no hay suerte, se convierte en un peligroso salto al vacío. Las preguntas con tono acusador sobran: ¿Por qué no le dio de la forma normal? ¿Hubo exceso de confianza? ¿Se equivocó? Si hay que fallar un tiro desde los once pasos, que sea de la manera tradicional, por un asunto de relaciones públicas. El disparo de Wilson Muñoz dio en el horizontal y ya después no fue posible anotar en el rebote. El volante liberiano admite que calculó mal la potencia. “Son decisiones que uno toma. Pensé que así lo iba a asegurar, pero se me pasó un poquito la fuerza”, afirmó tras el encuentro.
Según dijo, no fue una ocurrencia improvisada. “Lo he practicado así en otras ocasiones. Simplemente es que esta vez no se dio”. Muñoz regresó al futbol de Primera División luego de un año de ausencia. Su última participación había sido con el Saprissa. “Me sentí bien con la pelota en los pies, aunque no puedo estar contento con el resultado”, indicó. Por su parte, el entrenador Benigno Guido aseguró que tratará de indagar porqué su pupilo efectuar así el disparo, pero evitó lavar los trapos sucios en público. “No sé si fue exceso de confianza, es algo que veremos a lo interno”. Histórico. Zinedine Zidane decidió tomar la apuesta de tirar un penal de ese tipo en la final del Mundial de Alemania 2006. Menudo escenario eligió: el partido que ven cientos de millones de personas. Le salió bien, pero por centímetros. La pelota dio en el horizontal y apenas trascendió la raya de gol. Tampoco es que fuera un invento del francés. La idea original –por lo menos la que siempre se toma como referencia histórica– fue del checo Antonin Panenka , que tiró así el penal de la victoria para su equipo en la final de la Eurocopa de 1976 ante Alemania. Era el quinto disparo. Si Checoslovaquia anotaba (en ese momento los dos países estaban unidos), dejaba tendida a los alemanes occidentales (que en ese momento estaban divididos). Por el contrario, si Panenka fallaba, había que irse a las series de uno contra uno. Fue una cátedra de sangre fría. Enfrente estaba Sepp Maier, el mejor del mundo para entonces, pero Panenka no se dejó intimidar por su ilustre rival y lo venció con un tiro suave, casi en cámara lenta. |
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