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Las pasiones en torno al TLC

Lejos de arcángeles altruistas, muchos solo quieren proteger lo que les conviene

Rolando Guzmán Calzada
guzmanr@ice.co.cr
Odontólogo

Resulta imperioso que nos cuestionemos por qué se han pasado casi por alto, sin acaparar gran debate en los medios de comunicación, los TLC que Costa Rica ha suscrito con países como Canadá, México y Chile, en tanto que el TLC con Estados Unidos lleva más de 4 años de discusión y ha generado huelgas, violencia y, sobre todo, tantas lucubraciones y mentiras.

Las razones son claras, sencillas y tripartitas. No es con cualquier país con el que se está firmando el tratado, es con EE. UU. No es un político del montón el que lo está impulsando, es Óscar Arias. No es un simple tratado el que está en discusión, es uno que propone la ruptura de monopolios. Para muchos universitarios, sindicalistas y políticos, estas son tres estocadas en lo más profundo de sus egos populistas y sus complejos antiimperialistas. Los intereses que gravitan en torno al TLC son de tanta trascendencia que no se debe ser tan incauto de creer que los que se autoproclaman defensores de la soberanía, los agricultores o los pobres, son unos arcángeles altruistas, ellos están en esto por proteger lo que les conviene.

La cúpula sindical criolla es de corte y formación marxista, pero, por encima de todo, tiene una fobia antiyanqui digna de ser estudiada por un psicoanalista. No obstante, todo se queda en lo teórico, porque en la práctica son más capitalistas que el mismísimoTío Sam . La virulenta lucha contra el TLC responde a un afán desesperado por no perder el control de instituciones estatales como el ICE o el INS, y así seguir disfrutando de las gollerías y prebendas de sus convenciones colectivas. El estatismo y los monopolios son los mejores aliados de la burocracia sindical, mientras que el libre mercado y la competencia los pueden debilitar.

Travesti político. Los celos y frustraciones carcomen las conciencias de ciertos expresidentes y sempiternos excandidatos que pretenden cambiar, a como dé lugar, los epitafios de sus tumbas políticas. Señalan a Óscar Arias como el responsable de sepultar sus aspiraciones presidenciales y no pueden disimular el prurito que les causa ver a un líder y un verdadero estadista con probado talento. Dichos sentimientos no se justifican, pero son entendibles; lo que no tiene perdón es que mancillen y pongan en entredicho instituciones como el TSE y la Sala Constitucional; peor aún , han hecho eco y hasta han avalado las críticas hacia nuestro país que han osado hacer personajes de la poca talla y estatura moral de Hugo, Fidel y Daniel.

Como bien lo describen Mendoza, Montaner y Vargas Llosa en su libroEl regreso del idiota , Ortega es el típico travesti político que gana las elecciones diciendo que respetará la propiedad privada, que atraerá inversión extranjera, propiciará buenas relaciones con los EE. UU. y guardará fidelidad con la democracia, pero, cuando se siente acuerpado y envalentonado por sus amigotes, despotrica contra los gringos y suscribe la “Declaración de Tintorero” en la que llaman a luchar contra el TLC en Costa Rica y apoyar la campaña para que se rechace en el referendo. Todo esto después de que él no pusiera ninguna objeción y ayudara a aprobar el TLC en Nicaragua. Además, tiene el descaro de enviar a nuestro país funcionarios de la Promotora de Inversiones ProNicaragua para promover el traslado de fábricas usando como gancho las ventajas y beneficios del TLC que tienen vigente con EE. UU.

¡Qué paradoja! Y nosotros aquí perdiendo tiempo valioso, ya que, a falta de argumentos, deben recurrir al cotilleo, a inventar sandeces tales como que, si en nuestro país pasa el TLC, van a instalar fábricas de armamento pesado, que se van a trasegar órganos humanos, que se van a llevar el agua y la isla del Coco, que van a desaparecer los agricultores y, además, inventan teorías conspiratorias y tiranías. Disfrazan la verdad hasta hacerla irreconocible. No seamos ilusos, ya basta de engaños, si el TLC fuera tan nefasto como nos quieren hacer creer, le hago una invitación pública y cordial a Daniel Ortega para que solicite la exclusión de Nicaragua de los términos del tratado.

En las filas del PAC, los temas insignia de las elecciones y de su papel de oposición han sido la ética de la galleta y la intransigente campaña del “no” al TLC. En dicha campaña han cometido el grave error de unir esfuerzos con la camarilla sindical, cediéndoles el protagonismo y conformando un grupo muy heterogéneo, peligrosamente extremista y beligerante. El PAC dio un paso al vacío, tanto apremio y pasión obedecen a un motivo, a una señal inequívoca de que, si pierden el referendo, también pierden las próximas elecciones.

Muy mal ejemplo dan las universidades públicas, no solo por apoyar incondicionalmente la campaña del “no” sin brindar la oportunidad de un debate justo y equilibrado, sino por permitirse el lujo de tener funcionarios de muy alto rango trabajando casi a tiempo completo en dicho movimiento. Con cuánta ligereza se están administrando los ¢130.000 millones con los que el Gobierno financia a las instituciones de educación universitaria estatal en el 2007.

Los que se oponen al TLC han querido encauzar la discusión al terreno ideológico-dogmático, cuando en realidad lo que se está decidiendo es si queremos importar y exportar sin aranceles con nuestro mayor socio comercial. Cuando el sentimiento de pasión supera la razón, se pierde toda objetividad, no se juega con cartas abiertas.

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